Vínculo inesperado entre México y Japón, bienvenidos a MUJAM

Desde el aparcamiento de «la nave» ya ha comenzado la experiencia en este gran museo del juguete, «Oda al recuerdo»  Museo del Juguete Antiguo Méxicano (MUJAM), no se trata de cualquier garaje pues se admira un segundo piso donde aguardan atención piezas grandes de plástico viejo, fibra de vidrio y metal que en su día fueron decorativos en parques, días festivos y jardines. Apilados en las alturas, cada uno asomado de manera que solo el más curioso pueda reconocerle y sus inquilinos, felinos salvajes que rondan las reliquias.

Primero ingresamos a la magnífica tienda de juguetes y curiosidades, de plástico sobre todo, algunas colecciones de cerámica bizarra y una rica fonda «mexaponesa». Fuimos en un día tranquilo, quizá un miércoles de Semana Santa. El museo era nuestro.

Tan solo hace falta subir las escaleras y tocar el timbre, la ante sala es parte del museo en sí, un mundo de nunca jamás.

Dan la bienvenida extraordinarias figuras de plomo, robots de Show Bizz Pizza despojados de sus pieles para revelar el intrincado mecanismo robótico detrás de las estrellas de la mejor pizzería de los años 80’s en la ciudad. Más adelante, una vitrina de ojos de vidrio, una dama Art Deco de diez brazos, un circo completo a escala en miniatura y demás alegres antigüedades le escoltan para dar inicio a su trayecto al siguiente piso.

Él preguntaba por la colección de súper héroes que fue desterrada por la colección Barbie, pues al ser una tierra de juguete libre de discriminación , debe de haber rotación de exposiciones dentro de la colección privada de Roberto Shimizu e invitados, todo ser (aparentemente) inerte debe brillar. A su descontento, Barbie seguía acaparando terreno con miles de versiones desde los años 50’s a la fecha con chaca-imitaciones de cabezas hidrocefalicas y plástico hueco hasta ediciones de lujo, especiales del cine, música, época y etnias. Sin duda la muñeca inspirada por una caricatura rusa porno sigue y seguirá siendo la reina, al menos del museo.

Continuamos nuestro festín ocular al tercer piso donde una decadente instalación de una máscara gigante de mandíbulas mecanizadas nos recibe. Ya no sé si estoy en el cielo o el aliento de la pareja de reggaetoneros a sexo, marihuana y ron ya me hizo efecto, pero comienza a ser indiscutible el «mexicanismo» en el exagerado y folklórico gusto de nuestro coleccionista Roberto Shimizu, que colecciona bigotes de gancho y demás juguetes de feria con una apreciación casi religiosa. Este es de los míos, más que el cielo esto se parece a mi casa.

Micro instalaciones aglomeradas con juguetería de caja de cereal, animalitos fluorescentes, celebridades se asoman entre las multitudes de polimero como Cepillin, por ejemplo. Una garrafal amazona de papel maché y un tiburón gigante protegen la siguiente sección donde aguardan cabezas de antiguos bebés por siempre, osos de los años 20’s, todo laboriosamente posicionado para poder apreciarse.

Títeres guiñol de antaño con sus teatrinos, tétricas muñecas de trapo y cerámica nos envuelven en un polvoriento aire fantasmal que quizá lloraría «no me mires, mejor juega conmigo».

La nostalgia me abate y siento tristeza por estos juguetes, jugados y olvidados…

¿Para que ser juguete si nadie te va a jugar?

Trato de imaginar los juegos detrás de las grietas en cada individuo. Mi mamá y yo siempre comprábamos el juguete roto, el que nadie quería y observábamos como le cambiaba la carita, un poco locas pero, sigo creyendo que los muñecos tienen alma como ella me enseño.

En el último piso se encuentra una exhibición para mi querido acompañante, King Kong a todo lo que dá con una colección invitada con cientos de triques de la película y recuerdos de él gran mono.

Casa del niño eterno, todo es posible aquí.

Y por fin, una colección inmensa de Lilli Ledi con un mensaje épico que explica como a raíz del sismo varías muñecas perdieron piso y su dueño no ha venido a re acomodarlas, triste pero cierto, muñecas damnificadas verá usted, sin embargo sus escalofriantes personalidades no han disminuido sino lo contrario, en esta sala cuchichean… «no haz venido a levantarnos».

Finalmente, el sótano y sus maravillas, nostálgicos recuerdos de nuestros padres, abuelos y bisabuelos de un México meramente inocente y romántico pero no por eso aburrido de los años 20’s a los 80’s aproximadamente.

De

Jamas había visto una colección tan cálida y exagerada en toda mi vida, cada segundo pienso, este mexicano de descendencia japonesa es mas mexicano que el pulque o será que realmente hay algo muy cercano entre nuestras culturas por el indudable placer al exceso visual aunque lo que ellos tienen de perfeccionistas nosotros sólo lo preserváis en lo queda de nuestra artesanía indígena.

Un carrito de tortas y tepache repleto de chucherias me hace agradecer al propietario de nuevo, su apreciación por nuestra cultura es evidente y genuina. Luchadores de plástico, miniaturas high class españolas y micro juguetitos mexicanos de papel adornan decenas de instalaciones cuidadosamente acomodadas. Osos con mangueras en la boca que sacaban burbujas, juguetes de Cantinflas, el diablo y María Félix en fin, ¿quiere verlo todo? Venga usted con tiempo y su corazón de niño se lo agradecerá, magnífica experiencia, sin duda volveré.

Dirección:
Dr. Olvera #15, colonia Doctores, delegación Cuauhtémoc, C.P. 06720, Ciudad de México.
Teléfono: 55882100
Correo electrónico: hellomujam@gmail.com

Costo:
$75.00 por persona
$50.00 con descuentos

Horarios:
Lunes a viernes de 9:00 a 18:00 h.
Sábados de 9:00 a 16:00 h.
Domingos 10:00 a 16:00 h.

Servicios:

Estacionamiento
Paquetería

Texto y fotografías por Priscilla Pomeroy

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