MUERTE ENVENENADA

NOTA ROJA

MUERTE ENVENENADA

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Intentando tomarse una “selfie”, un joven cayó entre la aparentemente alba formación de espuma, encontrando la muerte.

 

En una hora de fiebre legislativa, semejante a la que Daniel Cosío Villegas, le diagnosticara al echeverriato, valdría la pena que, a la declaración de los derechos humanos de los animales, se agregaran las declaratorias de los derechos, así nomás, a secas, de la ciudad y de la naturaleza. Depredadas, ambas, a mansalva, la luz día. Históricos asentamientos humanos entregados a la incuria, el desgobierno, la destrucción, la brutal especulación inmobiliaria. Lagos, lagunas, costas, cuerpos de agua desecados o mudados vertederos de heces humanas o industriales, o de ambas a parejo.

De súbito, la Presa de Valsequillo, al sur del Estado de Puebla, empezó a vomitar espumarajos, que un primer examen redujo al exceso de detergentes, pero un segundo dictaminó detergentes, más plomo, más cadmio, más plaguicidas, más solventes, más aceite automotriz, más materia orgánica.

Las fotografías captadas pecarían de espectaculares (alto oleaje de blanca espuma), si el fenómeno obedeciera a esos momentos que natura, generosa, depara (auroras boreales, amaneceres y atardeceres de tarjeta postal), si no fuera por su entraña tóxica, criminal.

 

Intentando tomarse una “selfie”, un joven cayó entre la aparentemente alba formación de espuma, encontrando la muerte.

 

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