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Claudio Acevedo

Propincuo follower:

Recuerdo que cuando la película Roma, que me di el lujo de no ver, estaba en la boca de todos, con aproximación de tercer tipo a los Óscares hollywoodenses, al secretario de cultura de esta sufrida capital federal, en uso del recurso del “Diablito político”, que no es otra cosa que la sustracción de energía simbólica ajena, se le ocurrió un programa de celebraciones populares digno de los desfiles triunfales deportivos gringos.

Básicamente, la proyección, tipo “autocinema”, tanto del filme como de la ceremonia de premiación, episodios de gran esfuerzo imaginativo ambos que ya pasaron a la desmemoriada historia chilanga. En lo que no sé en que quedó fue el paseo en “turibús”, por la Colonia Roma, creo que hasta desembocar en la Plaza Río de Janeiro, de director, elenco, cinefotógrafo, y cuerpo técnico. Tampoco me acuerdo si el propio funcionario iría al volante.

Lo indudable es que al susodicho se le barrió un tema interno. Ocupado como está en “colgarse” a cuanta energía de otros le pase por enfrente, para “aparecer en la foto”, se le olvidó cumplir con las normas de transparencia del ejercicio presupuestal de su dependencia.

Omisión que sin embargo aprovechó para todo un “show-twitter”, género melodramón del subgénero “Desgarre de vestiduras”, disculpándose ante la Ciudadanía, ante la Jefa de Gobierno y ante sus colegas de Gabinete por la metida de pata. De que a todo le saca provecho, para hacer ruido como sugería Marx con su Capital, menospreciado en Alemania, no me cabe duda.

Estaré pendiente de cómo se “cuelgue” a la Fórmula 1, ya de regreso.

A otra cosa, follower. Con gusto le comparto a Andrea Araujo, paraguaya, que recomienda, además de energía positiva, mucha garra. Dirección:

@andrealaaraujo

 

 

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