REENCUENTRO CON GUADALUPE CURIEL

REENCUENTRO CON GUADALUPE CURIEL

Fernando Curiel

 

Uno. Los días 11 y 12 de septiembre, la UNAM celebró un emotivo reencuentro con la figura, la obra y los lances de la historiadora, profesora, investigadora y política académica Guadalupe Curiel Defossé, mi hermana menor de un rosario de tres, a un año de su fallecimiento, derrota de una auténtica guerrera frente a un cáncer devastador.

Dos. Sus colegas, amigos, alumnos y ex colaboradores recorrieron los amplios caminos de una brillante vocación de servicio, patente en las aulas, la investigación, la dirigencia del Instituto de Investigaciones Bibliográficas y la amistad.

Tres. Confío que la publicación condigna de ponencias y remembranzas, permita al lector no universitario la clara noticia de sus trabajos, tanto en las tres funciones (indisolubles) de la misión universitaria, a las que no escapó la de la administración (y si el académico no administra la Academia, esta queda en manos del mejor postor).

Cuatro. Más que de ocuparme de los sentimientos de duelo y ausencia de alguien con quien guardara una estrecha relación, emotiva, intelectual, urbana y política que sobrepujaba los lazos familiares; o del empeño con que abordó sus líneas de investigación; me propongo subrayar una de las cualidades intrínsecas al ser de Guadalupe en sus fases de docencia, investigación, difusión y gerencia.

Cinco. Y que no es otra que la de la innovación constante, fruto parejo lo mismo de una curiosidad innata que de la inconformidad con esa zona de confort, de seguridad laboral a toda costa, de conformismo, de a criticismo antídoto de la autocrítica, de resignación me atrevería a decir, que amenaza y tiende a permear el día a día del quehacer intelectual universitario.

Seis. Voluntad de cambio, de riesgo en Guadalupe, del que me dan fe constante, especialmente sus alumnos, no pocos de ellos ya a su vez profesores e investigadores. Por formadora de cuadros siempre la tuve; tarea, la de cuadros en el sentido tanto institucional como político, que tanto abundan en el campo de la Ciencia y escasean en el de las Humanidades.

Sus colegas, amigos, alumnos y ex colaboradores recorrieron los amplios caminos de una brillante vocación de servicio

Siete. Desde esta perspectiva, no poco tendría que aportar, de haber sobrevivido, en esta época de obligada reconfiguración de las Humanidades, de quiebra en una comunidad científica que hacía de su unidad galardón, de honda crisis en el CONACyT (organismo a cuya revista estuviera por lustros creativamente ligada).

 Ocho. Entre las figuras, humanistas y científicas con las que la historiadora guardara íntimo nexo (que comparo), no puedo dejar de mencionar a Luis Mario Schneider, Miguel León-Portilla, Roberto Moreno de los Arcos, Miguel José Yacamán, Álvaro Matute, Gloria Villegas (y me disculpo por los que involuntariamente se me escapen).

Nueve. En el quehacer innovador de mi hermana, destaca señaladamente la Hemeroteca Digital, a la que, con el auxilio de equipos decisivos, tanto empeño dedicara tanto como Coordinadora de la Hemeroteca Nacional, como Directora del Instituto de Investigaciones Bibliográficas. Y aún en su calidad del Coordinadora del Consejo Académico en el Área de Humanidades.

Diez. En la medida que lo computacional y lo telemático significó un apoyo instrumental de primer orden en las tareas humanistas, la Hemeroteca Digital tradujo un fundamental impulso en la investigación de la Historia y la Memoria Nacionales (hoy, ¡ay!, tan de moda).

Once. Si en lo personal (modo de tenerla presente), no poco me he beneficiado del acceso a distancia a la prensa en mi quehacer multidisciplinario (letras, historia, generaciones, urbe, sociedad); puedo dar fe de sus frutos en los dos Seminarios a los que de manera permanente me adscribo, el de Edición Crítica de Textos y el de Investigación sobre Historia y Memoria Nacionales.

Foto: Octavio Olvera

Doce. Por demás justo, oportuno, merecido, propicio, crítico, tengo el reciente rencuentro entre la historiadora Guadalupe Curiel, política imaginativa, y una Universidad Nacional Autónoma de México a la que una historia sin sosiego, y su carácter de hazaña de la libertad, impone auto crítica, resignificación, innovación.

 Trece. Y, claro, esta herida de su ausencia que no consigue cicatrizar.

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