TERCER TENDEDERO DE POST-IT´S

TERCER TENDEDERO DE POST-IT´S

Fernando Curiel

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Hablaba, en el “Tendedero” anterior, de la encomienda, frustrada, de encontrarle lugar, a la escultura que Sebastián dedicara a Tamayo. Me repongo con el éxito logrado (pese a la oposición de algún investigador del IIEs), con la estratégica ubicación del mural de mosaicos de Carlos Mérida. Bien nos salió la maniobra para situarlo justo en el sitio publicitario y urbano donde se encuentra. Para satisfacción de la UNAM, de la empresa Bujías Champion que había contratado el mural para su edificio en Industrial Vallejo, de Ana Mérida y de quienes, a diario se lo topan o descubren al dar la vuelta para entrar al Circuito Mario de la Cueva. Otra ocasión, con mayor acopio de datos, daré cuenta de cómo se transportó el mural, de la zona fabril al sur de pedregales.

 

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Convengo en la difusión cultural espectáculo, de muchedumbres (por no malgastar el término masas), por qué no clientelar. Pero no acabo de entender el sentido hondo, pedagógico, culturalmente adictivo, de pachangas como la de que el pasado viernes 25 de octubre, sin decir agua va, bloqueó accesos a la Ciudad de las Humanidades y concentró en el UNIVERSUM a ejércitos de chavas y chavos no muy diferentes a los que se agolpan en los antros de Cerro del Agua. ¿Cumbia y astronomía, así nomás, y ahí muere?

 

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Di a PUÑO ELECTRÓNICO, una selección de féminas precolombinas, obra del excepcional Jesús Helguera. Esto, inspirado en las fotos que Camila me enviara de las pruebas del proyecto cinematográfico Regina, que protagoniza. Estética del mundo otro, americano, que los conquistadores españoles empezaron a vislumbrar desde la isla de Cuba y a la postre tomarían. Hernández de Córdoba, Juan de Grijalvo, Cortés…

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Me topo de nuevo con el busto de Pedro Enríquez Ureña, cabe el Metro. Mira, preocupado, en dirección de la Puerta Copilco de Ciudad Universitaria; Universidad, a la sazón en el Centro, y en cuya fundación participara, y a la que juzgó atinado República Aristocrática, integrada por una ciudadanía meritocrática (y si, a las capacidades intelectuales, faltaban las económicas, para eso estaban las becas). ¡Pobre don Pedro, tan bienhechor! Los costados de la base de su busto, graffiteadas a más no poder, amenazadas por la incuria, la basura, y la desmemoria (ese detritus institucional).

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Y ya que de estatuas hablamos, me vienen a las mientes la de Miguel Alemán, en la explanada de Ciudad Universitaria. Mi etapa de licenciatura en la Facultad de Derecho, lo fue también de las paulatinas agresiones de la que fue objeto, hasta su final expulsión, ya mutilada, del privilegiado sitio en el que se le colocó. Don Miguel togado, con un libro bajo el brazo, y recordando. No sé por qué, la efigie de Stalin. En el fragor del 68, ya cubierta por una caseta de lámina, la intervendrán pintores, profesionales y aficionados, encabezados por el amigo, gran lector, eterno “niño terrible”, José Luis Cuevas (le debo la “máscara” que sella la edición de La querella de Martín Luis Guzmán).

 

 

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Inicié, para El Financiero, la serie VACACIONAR LEYENDO (O VICEVERSA), con recomendaciones de libros para las próximas vacaciones decembrinas. Arranqué con el breve, poco apreciado, trabajo de don Jesús Silva Herzog, Una historia de la Universidad de México y sus problemas. Le seguirá la edición que, con prólogo de Alicia Reyes, y el patrocinio de la Fundación para las Letras Mexicanas, le inventamos a don Alfonso: La experiencia de la lectura. Reyes agudo, erudito, pero siempre al servicio de sus próximos, lector profesional. Y seguirá El caso Moro, de Leonardo Sciascia. Su brillante “Análisis del secuestro y muerte de Aldo Moro, de los personajes y de la situación”. No dejaré de evocar que arribé a Roma no mucho después de la vil ejecución, y visité la calle en la que se encontró el cadáver metido en la cajuela de un carro.

 

 

 

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