CARTA NO ENVIADA A MI TOCAYO FERNANDO TOLA

CARTA NO ENVIADA A MI TOCAYO, SEÑOR DON FERNANDO TOLA DE HABICH, EN SU MASÍA SOLER DE TERRADES, PASANDO MOIA (POBLACIÓN CON SU ENCANTO), NO MUY LEJOS DE VIC (PARAISO DEL FUET Y CON UN MERCADO MARROQUÍ DE RECHUPETE), MONTAÑA ARRIBA, BARCELONA.

Copilco el Alto, Ciudad de México (¡qué CDMX ni qué manceras paparruchas!), a martes 10 de diciembre de 2019

Tocayo del alma:

Te cuento que hace poco, una joven amiga, alma par (aunque te suene cursi, solemos decirnos “almigos”, palabra de su invención), me puso en apuros al conocer mi “bunker” a un costado de Ciudad Universitaria, tapizado de libros, cuadros y cuanta cháchara me he encontrado en mi andar por el ancho y ajeno mundo (bueno, ni tan ancho dado el Internet y  a que se abordan los aviones con la rutina con que se aborda el Metro; ni tan ajeno dados los estándares de consumismo y muerte que nos han impuesto, respectivamente, las marcas globales y el terrorismo también global).

Me preguntó si había leído yo todos los libros, no pocos editados por ti, que estaban a la vista. Con aplomo le contesté que sí, sin dejar de tomar en cuenta las reservas, ora para mis trabajos de investigación (historia, literatura, ciudad, costumbres, baja cultura), ya de mis súbitos hallazgos (deporte lector, lo sabes, del que soy fan).

Tentado estuve, contemplándola, de decirle que se trataba de la cabeza de un red librera que incluía mi cubículo en Filológicas, Casa Jacaranda en Taxco (Estado Mártir de Guerrero) y la que fuera tu casa-feudo, in crescendo, en Santa Rita Tlahuapan (Estado Huachicolero de Puebla); donde diste albergue a la biblioteca que me defenestró  mi madre en Taxco de Alarcón (aunque, por tratarse de literatura de los 60’s del pasado siglo, en que no se nos iba un título vivo, toda ella leída: del Boom¡ a Marcuse, de los Diarios del Che Guevara a Mafalda, esa prima latinoamericana de Lulú).

Te confieso, y tal es el motivo de esta misiva, que me hubiera gustado que me preguntara si según yo habían valido la pena los combates por labrarme un sitial en las letras patrias. Tomando en cuenta: que lo cabrón ya pasó, que la literatura como tal ya quedó en el pasado devorada por jodidas famas, pasarelas de la Feria de Guadalajara, su saqueo por políticos (¡imagínate a AMLO posicionándose como “autor” con todo el poder propagandístico del Estado, y bajo sello editorial íbero!), temas tan de pegue como el narco, el secuestro, la migración forzada, la trata de blancas, el feminicidio, la autobiografía delincuente; neo editores como Ebrad desde la Cancillería; o episodios equívocos como el de mi amigo Ricardo Valero, Embajador de México, acusado, lo que está por probarse, de sustraer subrepticiamente una edición de las Memorias de Casanova de la espectacular, escenográfica librería El Ateneo de Buenos Aires (¿por cierto, has bajado últimamente al puerto para asomarte a La Central?).

Le hubiera contestado, un ojo puesto a los estantes rebosantes, y el otro a su hermosa volátil presencia, que sí, que valió la pena, sin que importara que no obstante tanto prestigioso premio y perdurable afán vanguardista, acabara el de la voz en autor “de culto”, localizable si tenemos suerte lector y autor en las librerías de ocasión que tú supiste peinar hasta sus más recónditos rincones. Y sin salida. Ya no viven mis atrevidos editores Luis Guillermo Piazza y Luis Mario Schneider. Y mi, no menos atrevido, editor Tola de Habich se ha retirado del todo, para el colmo con el Atlántico de por medio, a la historia novohispana.

Le hubiera contestado, veterano tocayo, a mi nueva amiga, que me ufanaba de haberme iniciado —y no sólo en las letras de la mano de Juan José Arreola, sino en el teatro de la mano de Héctor Mendoza—, en plena Segunda Revuelta Cultural del Siglo XX Mexicano (la Primera cumplida por el Modernismo y el Ateneo de la Juventud). Cuando la capirucha república bullía en las artes todas y en el pensamiento al día.

¿Artes todas? ¡A hüevo!

Literatura, sí, novela y cuento sobre todo, más ensayo; pero asimismo el teatro de búsqueda con Mendoza, Juan José Gurrola y José Luis Ibañez (papel que, la neta, no alcanza a llenar Luis de Tavira con todo y el medallerío marca Bellas Artes, algún talento por qué no, y la obra del jesuitismo cultural que es cosa de todos los diablos). ¡Ah qué parvadas de actrices y de actores! (distingo este que obedece a reglas de reparto, no a modas de género, como la de hablar, acabo de oírlo por la radio, de peregrinos y “peregrinas” a la Villa de Guadalupe, ¡pa’su mecha!). Martha Verduzco, Claudia Millán, Angelina Peláez, Sergio Jiménez, Julio Castillo, Eduardo López Rojas, Manuel Ojeda… Mis compañeros en la “troupé”  mendocina…

La literatura, el teatro, la pintura. Hora estelar, del enfant terrible José Luis Cuevas, de La Ruptura, de las galerías que se reproducían como la verdolaga, de los mandobles para derrumbar “La Cortina de Nopal” (por cierto, valdría la pena que entre tanta evocación burocrática del sobreviviente Manuel Felguérez, se colara la de Lilia Carrillo, tempranamente desaparecida; y que se dejara de considerar al diseñador Vicente Rojo arquitecto-urbanista, digo, a la luz de su horripilante fuente dentada cabe la Alameda y la indeterminada Plaza Ixca Cienfuegos, Ejército Nacional arriba; ¡y luego nos sorprendemos de que sin más se le entregue al escultor Gabriel Orozco el destino de Chapultepec!).

La literatura, el teatro, la pintura y la cinematografía. Momento del Grupo y Revista Nuevo Cine. Magma del Primer Concurso de Cine Experimental, de la producción de La sombra del caudillo y de Los Caifanes (película, tocayo, a la que de haber seguido yo en la actuada, pude haber ido a dar).

Literatura, “tablas”, artes plásticas, pantalla de plata e incluso arquitectura. Museo Nacional de Antropología e Historia y Museo de Arte Moderno, en pleno Reforma; construcciones deportivas para las Olimpiadas de 1968, año aciago pero todavía plagado de lo que llamo “zonas oscuras” (pero, al mismo tiempo, algún depredador vestido de alto burócrata arrasó mis amadas Pérgolas, ¿te acuerdas?, de la Alameda).

¡Uf!, y la red cultural que tejía la Ciudad de México: Casa del Lago, Auditorio Jaime Torres Bodet, Unidad Artística y Cultural del Bosque, auditorio Justo Sierra en CU, Cine Club del Poli en Santo Tomás, sala Manuel M. Ponce en Bellas Artes; y, por qué no, la Zona Rosa, la “Sonaja” que tanto irritaba al amigo Vicente Leñero, con sus calles por gremio artístico.

Que sí, que, por supuesto valieron la pena batallas, sueños desmelenados, narcisismo al rojo vivo. Porque la literatura conduce a la postre, si no te embotaste ni perdiste el rumbo… a la literatura.

Y porque, gracias a mi inmersión en el blog, por culpa de “Perrea un libro”, que aparejó millones de “visitas”, acabé también por desconocer la división de castas entre creadores, editores, impresores, lectores, críticos. Todos podemos serlo al mismo tiempo (aprovecho para recordarte el dominio o domicilio electrónico de nuestro PUÑO ELECTRÓNICO (y digo nuestro por tratarse de un afán colectivo): artgraffitti.wpcomstaging.com

Además, tocayo, publicamos libros, si por demanda, al viejo modo. Y quizá entremos pronto en ese guiso librero-telemático que es el I-book.

En fin, de tales cosas me hubiera gustado hablar con mi nueva “almiga”. Así como lo hago contigo.

Posdata (I). Gran felicidad me produjo comer en el bunker con el formidable Agusí, tu hijo, durante su viaje sentimental (a las raíces) a México; tal y como tantas veces la hice de anfitrión contigo y con Nonoy. Como la Facultad de Filosofía y Letras sigue tomada, ignoro si la tía Ana ya regresó de Europa, si me trajo el libro de Agustí y lo que, si tuviste a bien, y te acordaste, me enviaste con ella. De mis hijos, qué te cuento. Adrián en plenitud de su talento literario y Paula en ese camino. Él con dos chilpayates, ya pre adolescentes, Mateo y Martina (nombres muy argentinos, lo reconozco); ella con una casi tres añera, Paloma. A todos los veré pronto.

Posdata (II). ¿De México qué puedo decirte, a ti que vives a diario la general situación española y la particular catalana? “Caoscracia”.

Abur. 

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