Nieblas londinenses 

 

Nieblas londinenses 

Antonio Sierra García

 

En 2003 conocí a dos poetas colimenses: Primero a Carlos Ramírez Vuelvas, con quien cursé la maestría en Letras Mexicanas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Y a través de la investigación de Vuelvas, descubrí a Balbino Dávalos (1866-1955).

Gracias a este encuentro académico con Carlos Ramírez, se fraguó una amistad entrañable que hemos cultivado hasta ahora. Coincidimos, como he dicho, en algunas asignaturas. Una de ellas, recuerdo con nostalgia y emoción: Edición crítica de textos, impartida por la doctora Belem Clark de Lara. En ese espacio expusimos proyectos de investigación y planteamos nuestras preocupaciones ecdóticas. Fuera de clase prolongábamos las charlas que nos llevaban de la literatura al periodismo, pasiones que ambos cultivamos. Por mi parte, me aproximé al análisis de las revistas periodísticas; mientras que él se decidió por completo al estudio de la literatura finisecular, demostrando un gran ímpetu por Balbino Dávalos.

Fui testigo del proceso de investigación de la tesis titulada Balbino Dávalos: Notas para la recuperación de un poeta modernista. Nieblas londinenses y otros poemas, que tuvo como objeto “rescatar y preparar la edición crítica de la poesía dispersa de Balbino Dávalos”. Se trató de un extenso análisis de 500 páginas. En ella, el investigador de la Universidad de Colima, ofrece interesantes hallazgos del poeta modernista. Es una tesis a la que se habrá de recurrir de manera permanente, pues deja valiosas coordenadas para comprender el papel de los literatos modernistas. Aunque se trata de un texto académico, su prosa es rica, amena y ágil. Con habilidad literaria trae a Balbino al tiempo presente, haciéndole merecida justicia. Recuperó sus poemas dispersos. Elaboró un magnífico contexto histórico que sirvió de marco para situar al personaje. Revisó archivos y hemerotecas para desenterrar no sólo los versos sino parte de la prosa de Dávalos.

Dávalos despuntó muy temprano, al colocarse como una de las figuras literarias representativas del universo poético. En 1884 ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria, donde años más tarde impartiría cátedra. Estudió derecho en la Escuela Nacional de Jurisprudencia. Por las calles del centro de la Ciudad caminaba Balbino, que de acuerdo con el retrato de Amado Nervo, tenía “su nariz afilada, su boca de labios finos, su bigote delgado, lacio y pálido como el césped de una tumba”.

Contribuyó en las principales revistas literarias, como Revista Azul, Revista Moderna, Revista Moderna de México. De igual manera en los más distintivos diarios del país, El Partido Liberal, El Diario del Hogar, El Universal, por citar algunos.

Balbino además de literato fue traductor. Poseía una brillante inteligencia y un dominio de las lenguas extranjeras, a tal grado que fue considerado un políglota, cuya labor pudo desarrollar ampliamente en la prensa: “Se desempeñó como el principal traductor del periódico El Partido Liberal (1885-1896)”. De acuerdo con las evocaciones de Carlos Díaz Dufoo, el literato se mantenía imperturbable en las redacciones de los diarios, realizando su tarea de intérprete. Más tarde colaboró para las páginas de El Universal, en donde siguió demostrando ese talento que tenía para la traducción, sumando así un amplio reconocimiento entre la comunidad intelectual. Dávalos rememoró el día en que Gutiérrez Nájera lo buscó en la redacción del diario de Reyes Spíndola para felicitarlo por la traducción del poema del francés Auguste Genin.

-¿Quién es Balbino Dávalos?

Alcé la vista, sorprendido y presto a contestarle, cuando él agregó:

-El que tradujo “la tristeza del ídolo”…

Alguien me señaló, pues que yo estaba falto de aliento. Y aquél tremendo prócer, con toda la gentileza de su alcurnia intelectual y aquella sonrisa entre festiva e irónica que le sesgaba la boca y que más tarde, ya en la intimidad, me fue siempre muy interesante observarle, se me aproximó diciéndome:

-¡Quiero darle a usted un abrazo! Su interpretación es magnífica…”

Las traducciones del poeta colimense influyeron decididamente en el grupo de los modernistas. En palabras de Carlos Ramírez: “Los poetas que Dávalos tradujo conforman una de las nóminas literarias más interesantes de la poesía francesa de la época, como lo constan los índices de la prensa mexicana de finales del siglo XIX”.

En 1909, Dávalos publicó en España el libro Las ofrendas. Versos que Rubén Darío elogió. “Las ofrendas son: al ensueño y al amor; a la vida y al arte. Dávalos es aun joven. Fue uno de los primeros iniciadores del movimiento de ideas estéticas que ha transformado el modo de pensar y de escribir, tanto en nuestra América como en España”. Por su parte, Carlos Ramírez recuerda que Balbino Dávalos había dado la primicia en Las ofrendas de “que tenía en prensa su siguiente tomo de poesía, que se llamaría Nieblas londinenses.”

en 2007, Carlos Ramírez publicó Nieblas londinenses y otros poemas, en el Programa Editorial de la Coordinación de Humanidades, en la colección “Al siglo XIX ida y regreso”. Carlos Ramírez realizó una selección de 57 poemas (de 149) “que pueden leerse como una antología de la obra dispersa de Balbino Dávalos”. El trabajo está dividido en tres secciones: “Castillos en el aire”, “Nieblas londinenses” y “El árbol perdurable”. Todas esas composiciones, dice el editor, van de 1891 a 1954. A decir de Carlos Ramírez, “estas piezas contienen diversos elementos de la imaginería y técnica decadentista: los sueños melancólicos, los crepúsculos y las preocupaciones estéticas además del pulimento de las formas como un metal bruñido y los intentos de experimentar con las estrofas poéticas”.

Nieblas londinenses son composiciones que van de 1907 a 1914, de acuerdo con el editor. En ellas se aprecia el valor cosmopolita, “cuyos temas y motivos principales surgen de la contemplación de varios iconos culturales, como la Afrodita, la Gioconda, Rostand y Venus ultrix».

 

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