Panfleto Nómada por Alonso Tolsá

 

 

 

Los miembros de la Liga Semáforos Rojos por principio odiamos los automóviles. Viéndonos acotados más y más a sus restricciones espaciales, que nos conceden con prepotencia como si se tratara de una caridad, nunca antes fue más evidente la amenaza de desaparecernos. “No comprendo ni comprenderé nunca que pueda ser un placer pasar corriendo en auto ante todas las creaciones y objetos que muestra nuestra hermosa Tierra”; la existencia del automóvil como enseña tácitamente Robert Walser en esta oración está justificada por una doctrina de la velocidad sembrada por exigencias productivistas del Capital expresada en la fórmula TIEMPO=GANANCIA.  Como cualquier semilla cultivable, ésta se ha arraigado en nuestra alma hasta convertirse en una prioridad que da paradójicamente sentido a la vida hinchándola de angustias y tensiones variadas.

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Suscribimos cuatro aspectos que por sí mismos acreditan nuestra irrefrenable lucha en contra del vehículo de motor de combustión interna:

  1. a) El automóvil no es sino un medio de propaganda de la ideología de la velocidad: ayuda a sincronizar el sistema productivo beneficiando el desarrollo de sus fuerzas. EL USUARIO, EN CONSECUENCIA, NO ES EL MÁS FAVORECIDO POR ÉL.
  2. b) En México mueren 32 personas diariamente, 11 mil al año, en accidentes viales.
  3. c) La emisión de CO2 del automóvil más la infraestructura que demanda han contribuido a la rápida degradación de la naturaleza.
  4. d) La guerra en ciernes por la escasez de hidrocarburos está vinculada al uso irracional del automóvil: sólo el parque vehicular del país en 1980 era de 1 800 000 comparado con los         46 000 000 en 2017.

El automóvil violenta la vida

El motor de combustión interna apareció a finales del siglo XIX, desde entonces los índices de contaminación se han profundizado por éste y otros motivos relacionados. Las consecuencias están a la vista puesto que el paisaje se altera cada tanto en función de las necesidades del automóvil: el concreto asfáltico esteriliza la vida del suelo y al impedir la captación pluvial empobrece la del subsuelo; la violenta sustitución del aire limpio por el humo, el silencio por el ruido y el reposo por la velocidad, impactan de manera directa en la salud individual y pública. DEBIDO AL AUTOMÓVIL NUESTROS CUERPOS ESTÁN ATROFIADOS Y LA CALIDAD DE VIDA EN LAS CIUDADES SUPRIMIDA.

Los caminantes hemos andado inofensivamente por la tierra durante más de un millón de años. Los caminantes amamos la calma, el aire limpio, la velocidad conveniente a nuestras capacidades. Caminar significa reconquistar el tiempo íntimo, valioso.

 

Políticas bárbaras

Es un crimen considerar más conveniente la clausura de un parque o la destrucción de un camellón a favor del tránsito del automóvil. La reducción de banquetas es un delito anticonstitucional que se practica con absoluta impunidad a la luz del día: a diario en algún lugar de la ciudad perdemos unos cuantos metros de espacio vital, el caos se instaura centímetro a centímetro. Las políticas inclinadas al automóvil han pisoteado los derechos más elementales del paseante: sus segundos pisos ensombrecen el cielo, los límites de los jardines cada vez son más estrechos, la tierra languidece debajo de sus pasos a desnivel. Creemos que LA CIVILIDAD DE UNA CULTURA SE MIDE POR LA MEZCLA DE CANTIDAD Y CALIDAD DE SITIOS DONDE EJERCER LARGAS CAMINATAS; SÓLO LA BARBARIE PRIVILEGIA LA VENTAJA DE LA MÁQUINA SOBRE EL BIENESTAR DEL SER HUMANO.

Los caminantes luchamos por recuperar los espacios que legítimamente nos pertenecen. Los caminantes desaprobamos las políticas públicas que no dan prioridad a la salud, el esparcimiento y la vida.

 

De lo que queremos y de cómo lo conseguiremos

Que nos opongamos primordialmente al uso indiscriminado del automóvil no resta el desprecio que sentimos por el consumismo avasallante en el cual se ha gestado su demanda. UNA VEZ QUE UNA COMUNIDAD RECONOCE LA NECESIDAD DE CAMBIAR, RESTA ORGANIZARSE Y ASUMIR LOS COMPROMISOS QUE ACOMPAÑAN A TODA FORMA DE REBELIÓN; los nuestros comienzan despertando en los niños el genuino gusto por caminar, dormido originalmente en las capas más profundas de su anatomía. La idea de hacer excursiones e inculcar respeto por los paseantes más experimentados únicamente impacta en el alma del sujeto que reconoce conscientemente la naturaleza de sus necesidades físicas y morales, pues la verdad como la virtud o la justicia a pesar de todo lo que se diga no puede ser directamente transmitida y mucho menos impuesta.

LO DECIMOS FUERTE: el circuito del domingo instaurado en ciertas vías generalmente privilegiadas, no basta para una educación realmente cívica. Sólo cuando existan modelos similares en todas las colonias de todas las ciudades, extendidos durante cada día de la semana, podremos hablar de una victoria consolidada; sólo cuando deje de ser llamado “paseo dominical”, como si fuera una concesión hecha por los automovilistas, habremos conquistado el inalienable derecho a caminar libremente.

Los caminantes exigimos:

  1. a) Respeto inobjetable de nuestros derechos.
  2. b) Red eficiente de transportes ecológicos. (No creemos que un ajuste restrictivo en la compra de automóviles sea más eficaz que la espontánea comprensión de que adquirirlo se convierte en una responsabilidad universal).
  3. c) Prohibir la Fórmula 1 y otras actividades “deportivas” que enaltecen la doctrina de la velocidad y demás tipos de propaganda automovilística (como la inadmisible suma de 400 millones que gastó la administración de Peña Nieto en 2015 en la organización de dicho festival).
  4. d) Fundar museos en donde el automóvil pueda ser escudriñado como un producto defectuoso de la mente humana. Con el fin de instruir a la población en sus efectos negativos, estos recintos deberán relatar simultáneamente la inofensiva historia del paseo y la perniciosa vocación del automóvil.

 

¡PASOS DE CEBRA PARA AUTOS, NO PARA PEATONES!

¡MARCHISTAS A LA CALLE!

¡GENERALIZACIÓN DEL USO DE LAS PIERNAS!

¡POR UN AÑO DE SEMÁFOROS ROJOS!

¡MARGINALES VIALES, UNÍOS!

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