Emanuel Swedenborg

Emanuel Swedenborg

Elena Escalante Ruiz

 

                                                                    … durante siglos, la palabra del loco no era escuchada o si lo era, recibía la acogida de una palabra portadora de verdad.

Michel Foucault[1]

 

En 1758, en plena era del cientificismo y la razón, precedida por cincuenta y cinco volúmenes de estudios sobre las ciencias naturales, Emanuel Swedenborg publicó en Londres la obra, Other Planets.[2] En el primer capítulo de esta obra, [3]The Earthlike Bodies, called Planets in Our Solar System and in Deep Space. Their Inhabitans, and the Spirits and Angels There. Drown from things Heard and Seen, escribió: “…humankind is the seedbed of heaven” (6). Frase que podría ser la respuesta más bella que podamos escuchar cuando nos preguntarnos por el sentido de la vida.

El legado de Emanuel Swedenborg (Estocolmo 1688-Londres 1772), abarca varias disciplinas. Hijo de un pastor luterano, estudió a profundidad teología. Tras terminar sus cursos en la Universidad de Upsala, viajó a varios países europeos para ampliar sus conocimientos. En Inglaterra se adentró en las técnicas de observación del astrónomo John Flamsteed. Admiraba a Newton y frecuentó sus círculos académicos. Estudió asimismo geología, botánica, zoología, minería y mecánica; continuó el estudio de estas disciplinas en Holanda y Francia. De regreso en Suecia publicó el boletín científico Daedalus Hyperboreus. En 1734, publicó su primera obra importante: Opera Philosophica et Mineralia, en tres volúmenes. En el primero titulado Principia Rerum Naturalium, habla acerca de los principios básicos de la naturaleza. Escribe que la materia está compuesta por partículas divisibles indefinidamente; que éstas se mantienen en constante movimiento giratorio, similar al de un remolino; y que dichas partículas se componen de otras más pequeñas.

En ese primer volumen, también se gestan las bases para sus investigaciones sobre el alma, a la cual se refiere como un sutil fluido espiritual que permea y sostiene a todas las criaturas vivientes. A Opera Philosophica et Mineralia, le siguió su obra sobre anatomía, Oceconomia Regni Animalis, dividida en dos volúmenes que se publicaron en 1740 y 1741, respectivamente. En el primero, Swedenborg analiza el corazón y el flujo sanguíneo. En el segundo, el cerebro, el sistema nervioso y el alma. En estas obras, así como en su tratado Mineralia, Swedenborg busca la conexión del espíritu con el cuerpo: concluye que el origen de la vida reside en una energía divina que nutre e impregna toda la creación.

Esta breve introducción, por supuesto no engloba ni la décima parte del legado de Emanuel Swedenborg, el más misterioso de los súbditos de Carlos XII, como lo describió Jorge Luis Borges[4] en la cátedra que impartió en la Universidad de Belgrano, Buenos Aires, en 1978:

                 . . . Swedenborg empieza como sacerdote y luego se interesa por las ciencias. Le interesan,                    sobre todo, de un modo práctico. Luego se ha descubierto que él se adelantó a muchas                          invenciones ulteriores. Por ejemplo, la hipótesis nebular de Kant y de Laplace. Luego, como                    Leonardo Da Vinci, Swedenborg diseñó un vehículo para andar por el aire. Él sabía que era                    inútil, pero veía el punto de partida posible para lo que nosotros llamamos actualmente                            aviones. También diseñó vehículos para andar bajo el agua, como había previsto Francis                        Bacon.

[. . .] Y, como a Descartes, le interesó el lugar preciso donde el espíritu se comunica con el                      cuerpo.

[. . .] Y después vino la visitación, que algunos han considerado un acceso de locura. Pero                      eso está negado por la lucidez de su obra, por el hecho de que en ningún momento nos                          sentimos ante un loco.

 

En 1744, poco después de la Pascua, tras una serie de sueños cuyo significado y simbolismo analizó con detenimiento, Swedenborg tuvo una maravillosa visión de Dios, seguida de una visita de Jesús. A partir de este suceso y sin ningún conocimiento previo, desarrolló una forma de meditación con la cual logró que su cerebro y su sistema nervioso se mantuvieran dormidos. De esta manera, dedicó su vida a conocer los reinos espirituales a través de la meditación: a medida que sus habilidades crecieron, así también se incrementó el tiempo en estado alterado mediante el cual experimentó visiones del cielo y el infierno, y mantuvo conversaciones con ángeles y espíritus. En una visión mística, Swedenborg comprendió que Cristo no regresaría a este mundo de manera física, sino que su conciencia se manifestaría en los planos material y espiritual de la existencia. Su primer trabajo teológico es, Arcana Coelestia.

Obra compuesta por ocho tomos, publicados en Londres de 1749 a 1756. Posteriormente, en 1758, Swedenborg viajó nuevamente a Londres con cinco nuevos títulos para publicar: Heaven and Hell, una descripción del más allá y la vida de sus habitantes: White Horse, que habla sobre el significado interno de la Biblia; Otros planetas, que describe los seres que viven en otros mundos, dentro y fuera de nuestro sistema solar; Juicio Final, y la Nueva Jerusalén; estos últimos mencionan un aspecto único de la teología de Swedenborg. En varias de estas obras, Swedenborg se refiere al Ser Humano como, “un universo en miniatura”. Todos fueron publicados en Amsterdam y Londres, los escribió en latín y los firmó de manera anónima. En parte para evitar las estrictas leyes contra la herejía de Suecia, pero también porque sintió que Londres poseía la mejor atmósfera intelectual para una forma completamente nueva de ver las Escrituras.

Para muchos, las obras que Emanuel Swedenborg escribió sobre teología pasaron a la historia como el catálogo de alucinaciones de un loco y no como una nueva doctrina.

A lo largo de la historia, personajes tan disímiles como Pitágoras, Sócrates, Galileo, Juana de Arco, Lutero y Pascal han tenido la experiencia de escuchar voces o ver visiones imperceptibles para otros. Hoy en día existe una larga historia de intentos por explicar tales experiencias reportadas por figuras históricas como las ya mencionadas, utilizando conceptos de psiquiatría contemporánea, como el término “alucinaciones”, que podría definirse así: experiencias perceptivas que ocurren en ausencia de estímulos apropiados o externos con toda la fuerza de las percepciones reales. Sobre este tema, los psiquiatras Ivan Leudar y Philip Thomas, documentan en el libro, Voices[5] of Reason, Voices of Insanity: Suties of Verbal Hallucinations, lo que las experiencias de alucinaciones verbales podrían significar hoy en día y lo que pudieron representar para personas que vivieron en el pasado. El objetivo de su estudio es establecer tanto las características históricamente contingentes de las alucinaciones, como las no contingentes de las experiencias de escuchar voces.

Desde el siglo XIX, académicos y estudiantes de psiquiatría han realizado innumerables estudios sobre las experiencias que Swedenborg describe en sus obras. En un artículo publicado por Simon R. Jones y Charles Fernyhough, en 2008,[6] se revisa la fenomenología de las experiencias de Swedenborg, mediante un análisis de su escritura. Enseguida se examinan diversas conceptualizaciones que los contemporáneos de Swedenborg y psiquiatras de generaciones posteriores hicieron de su escritura. Después, los autores reconsideran estas experiencias en relación con los cambios en las prácticas psiquiátricas. Y demuestran que el resurgimiento del concepto de “alucinaciones en su sano juicio”, del siglo XIX, ofrece un medio alternativo de comprender las experiencias de Swedenborg, fuera de los discursos tradicionales de las enfermedades mentales. Concluyen que las experiencias de Swedenborg, deben entenderse como ejemplos de fenómenos que denominan alucinaciones sin trastorno mental. Conclusión que sin duda habría alegrado a Borges: “La hipótesis de la locura no es menos vana. Si el redactor del Daedalus Hiperboreus y del Prodromus Principiorum Rerum naturalium se hubiera enloquecido, no deberíamos a su pluma tenaz la ulterior redacción de miles de metódicas páginas, que representan una labor de casi treinta años y que nada tienen que ver con el frenesí”.

 

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[1] El Orden del discurso, 16.

[2] Originalmente publicada como: De Telluribus in Mundo Nostro Solari, Quae Vocantour Planetae, et de Telluribus in Coelo Astrifero, Tum de Spiritibus et Angelis Ibi: Ex Auditis et Visis, Londres, 1758.

[3] Emanuel Swedenborg. Other Planets. Traducción de George F. Dole y Jonathan S. Rose. The Portable New Century Edition. Swedenborg Foundation. West Chester, Pennsylvania. 2018.

[4] Jorge Luis Borges. Obras completas. vol 4, pág .180, Emecé Editores. 1996.

[5] Laudar, I., & Thomas, P. (2000), Voices of Reason, Voices of Insanity: Suties of Verbal Hallucinations, Taylor & Frances/Routledge.

[6] “Talking back to the spirits: the voices and visions of Emanuel Swedenborg”, HISTORY OF THE HUMAN SCIENCES, vol. 21, núm.1 (Los Ángeles, Londres, New Delhi y Singapur), pp.1-31.

2 pensamientos

  1. Excelente e interesante narrativa . Novedosa historia de la experiencia metafísica de un científico del siglo XVII, Nórdico por añadidura. Siendo fuente de inspiración Borges, hubo huellas de Inspiración que la autora desarrolló con oficio. Genial trabajo de investigación .

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