COSAS DEL TEATRO, DIGNAS DE MEMORIA

COSAS DEL TEATRO, DIGNAS DE MEMORIA

Fernando Curiel

 

Uno. El nazismo produjo un aluvión de desterrados en los orbes artístico, literario y académico; con destino provisional en Francia, que no tardaría en ser ocupada por las tropas hitlerianas, y, en muchos casos, definitivo, en Estados Unidos.

Dos. Uno de tales desterrados fue Bertold Brecht, dramaturgo, teórico y director de una larga fama que ha terminado por borrarse. Y no sólo por su naturaleza polémica. Propulsor del teatro épico. Autor, entre un sinfín de obras, de La ópera de tres centavos, Madre coraje, Círculo de tiza caucasiano, En la selva de las ciudades, etcétera. No menos copiosa fue su producción poética.

Tres. En México, en los sesentas, Héctor Mendoza montó, con enorme éxito, El alma buena de Sechúan, en Casa del Lago; cuartel del teatro experimental universitario que integraban el propio Mendoza, Juan José Gurrola y José Luis Ibáñez. Principalmente.

Cuatro. Recuerdo la participación de Angelina Peláez, Martha Verduzco, Martha Navarro, Julio Castillo, Eduardo López Rojas. Parte del elenco el que esto suscribe, dicha puesta en escena, significó, el retiro de las “tablas”; quehacer que me había llevado a la Escuela de Arte Dramático del INBA. La de Brecht, fue una de las lecturas cautivantes.

Cinco. BB, marcha en 1933 a Dinamarca, después a Finlandia; éxodo que concluye en California, si bien no definitivamente. En 1948, regresa a Europa, instalándose en Suiza y, por último, en Berlín Oriental, donde funda el célebre Berlín Ensamble, mismo que dirige hasta el momento de su muerte en 1956. Ensamble que en 1954 realiza exitosa gira parisiense.

Seis. A distancia, desde California, donde probó (mala) suerte con la Meca del Cine, BB influyó en las orientaciones y caminos a explorar del teatro neoyorkino, ciudad en plena ebullición escénica. De la que serán testimonio el Actor’s Studio y el Living Theatre fundado por Judith Malina y Julian Beck.

Siete. Bajo la influencia de otra figura, instalada en Nueva York que, con sus diferencias, compartía con Brecht la propuesta del teatro político: Erwin Piscator, fundador del Dramatic Workshop (uno de los alumnos, Marlon Brando; otro, Tennesse Williams). Uno de los principales actores del Living Theatre, Joseph Chaikin, creará a su vez el Open Theatre. Aceptado o rechazado, Brecht es figura central en el rebumbio teatral neoyorkino.

Ocho. En 1968, el combativo, extremo Living Theatre, fue invitado al Festival de Aviñón, en Francia, al cuidado del patriarca Jean Villar. Participación que se resolvió en un cortejo de escándalos.

Nueve. La obra elegida, Paradaise Now, en palabras de Madina, se proponía transformar “las condiciones inhumanas de las leyes, la cárcel, la policía, las condecoraciones, las fronteras, el dinero” (fajos de dinero real que se quema en algún momento).

Diez. Al terminar la representación, Julian Beck grito “¡El teatro está en la calle!”, y en tropel, cantando, la compañía sale al exterior. La policía les pone un alto. Además, el festiva, suguiere, que el Living presente una obra diferente (tácita prohibición de Paradise Now).

Once. Se da la coincidencia de una prohibición más. La que impide a Theatre Chene Noir, de Gerard Gelas, la puesta en escena de Los payasos de los senos desnudos. Que se pretendía montar en el Claustro de los Carmelitas.

Doce. En una aparente conciliación, el Living Theatre, substituye para la función siguiente, Paradise Now por Antígona.

Trece. Solamente, que se colocan en una banca, al fondo del escenario, a los actores del Chene Noir, con una cinta adhesiva en la boca.

Catorce. A una subversión sigue otra. El Living decide hacer teatro en la calle, para lo cual prepara Mysteries and Smaller Pieces, para representarse en un barrio popular de Aviñón. Y quien marca el alto es el Alcalde.

Quince. Su argumentación, podría caber en una obra de Brecht. Dice: “No pueden distribuir gratuitamente habichuelas verdes cuando yo mismo tengo una tienda donde las vendo”.

Dieciséis. Último acto. Al día siguiente la policía exige al Living Theatre, que la compañía, actores y directores, abandonen suelo francés. Con sirena y torreta, los acompañan hasta la frontera.

Dieciocho. Si piqué el interés del lector de El Financiero, me permito recomendarle el libro: Con Brecht, compuesto con cuatro entrevistas (México, UNAM-INBA, traducción de María Dolores Ponce, 2007).     

 

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