La pandemia y sus correlatos

La pandemia y sus correlatos

Humberto Muñoz García[1]

Sin duda, la mayor parte de los científicos sociales están trabajando para ampliar la comprensión de la pandemia y sus efectos. Pero también, estamos reflexionando sobre lo que podrá venir después de que pase esta coyuntura, que nos ha puesto en jaque a todos.

Con diferencias en las estimaciones, el coronavid ha impactado a la economía del mundo, y no ha discriminado entre países ricos y pobres. En todos lados ha habido distanciamiento social y pérdida de empleos. En el caso de México, en menos de un mes se perdieron 350 mil empleos. Según sea la gravedad de la crisis, la pérdida de empleo en el país podría alcanzar a un millón y medio de personas, aproximadamente. Los más vulnerados serán los jóvenes. La pandemia ha traído más desigualdad.

Obviamente, la pérdida de empleos es diferente en cada entidad de la república. En Quinta Roo ha sido devastadora, y muy fuerte en la CDMX, Nuevo León y Jalisco. En el índice de calidad y competencia laboral, Oaxaca, Tlaxcala y Tabasco son los del nivel más bajo. En una encuesta sobre el efecto de la cuarentena, cerca de dos quintos contestó que su empleo corre riesgo a causa de la pandemia. El asunto del empleo es de primera importancia.

Dos cambios en el trabajo que probablemente ocurran: va a aumentar el número de trabajadores en el sector informal, que ya es muy grande, y, va a incrementarse el trabajo en casa. La flexibilidad del trabajo y del trabajador estarán presentes en el mercado laboral. Los adultos mayores y los jóvenes tendrán más problemas de empleo que ahora y muchos de los que no estén conectados a la era digital correrán el riesgo de ser sobrantes. La imagen es horrible, pero puede ocurrir.

El PIB va a caer, pero las cifras que calculan los economistas son todavía variables, aunque si hay consenso en que la caída será drástica y revelará lo que todos sentimos: crisis, y no sólo económica.

Hay quienes piensan que la crisis dará un golpe muy severo al neoliberalismo y que lo que quedará será un sistema más equitativo. Hay quienes se aferran a defender un modelo económico que ha generado una altísima concentración de la riqueza y muchísima pobreza, que no se elimina dando apoyos a los pobres, sino combatiéndola en serio. El enfoque es distinto.

Por varios motivos, lo que debería venir es un cambio de modelo económico, no aferrado a ortodoxias, que reduzca sustancialmente la desigualdad social y favorezca el bienestar de las mayorías. Lo contrarío dejará una sociedad sin tejido, sin cohesión, con mayor criminalidad y sin solidaridad. Obviamente, sin confianza en los gobernantes y en el sector empresarial. La pregunta es sí surgirá un sujeto social y un movimiento político que presione por el cambio de modelo.

La pandemia vino a mostrar que existe un sistema de salud pública muy malo. Hay que quedarse en casa y desinfectar todo lo que entra. No hay que enfermarse de nada. Pero, también, afectó severamente al sistema educativo. Cientos de miles de estudiantes vieron sus escuelas y universidades cerradas.

En el país, un sector del estudiantado universitario manifestó tener miedo de perder el semestre. Las universidades han hecho un esfuerzo para no interrumpir las clases, por la vía de la educación a distancia. Pero, con este medio, no se cubre a toda la población estudiantil, porque una buena parte, según encuestas aplicadas, no tiene conectividad. En breve, al modelo a distancia le falta mucho para operar bien y tener repercusiones positivas.

Preocupa, igualmente, no sólo la salud física de los estudiantes, sino también la mental. Hay instituciones académicas en México que han abierto consultas de apoyo psíquico para los estudiantes. El encierro en casa conlleva toda una problemática de desequilibrios y cansancio por la intensidad de las relaciones familiares y su desgaste.

El problema, como ya se ha dicho, no queda ahí, porque la educación en línea requiere un instrumental técnico cuyo manejo necesita una preparación de los profesores. Hay que realizar adecuaciones que requiere el trabajo docente en el sistema no presencial, además de la infraestructura necesaria para salir al aire. Habrá que estimular el trabajo colaborativo, el cambio de prioridades institucionales en la docencia, en los modos de producción y distribución del conocimiento y en los mecanismos de evaluación.

Para que los ciudadanos mexicanos podamos tener empleos razonables, buena salud y buena educación, de licenciatura y posgrado, el Estado habrá de volcarse a tener una mayor presencia para conducir a la sociedad, garantizar su alimentación y ampliar la esfera pública de la vida, donde se consigue satisfacción y bienestar. Luchar por mantener la estabilidad política, lograr acuerdos con los grupos de interés, gobernabilidad para que las grandes mayorías prosperen. Equidad laboral, de salud, educativa y una enorme cultura científica. No queremos un Estado frágil y una universidad débil. Uno necesita de la otra para fortalecerse.

[1] UNAM. Programa Universitario de Estudios sobre la Educación Superior, IIS. recillas@unam.mx

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