REVISITANDO FRACASOS

REVISITANDO FRACASOS

Fernando Curiel

 

Uno. Efecto inevitable del confinamiento, y la inmovilidad que apareja (automotora, personal, citadina), es la activación casi ingobernable de la memoria. Simplemente ocurre. 

 

Dos. De esta suerte, me topé, en días pasados, con dos proyectos de mi época de subdelegado de Cultura de la Delegación Venustiano Carranza; mi viejo amigo Gerardo Ferrando al frente de la demarcación, y Ramón Aguirre de Jefe de Gobierno.

Tres. Ignoro si se mantiene igual, pero en esa época, intensa era la participación vecinal, el diálogo entre la ciudadanía y los funcionarios responsables de atender una agenda de prolijos requerimientos en una Delegación por demás compleja. El de las actividades culturales, uno de ellos.

 Cuatro. Complejidad derivada de un origen de invasiones, en espera de la regulación, y el otorgamiento de servicios básicos, y la presencia lo mismo de espacios precolombinos, como el Peñón de los Baños, como de instancias con resonancia más allá de las fronteras delegacionales.

 

Cinco. Aludo al Aeropuerto Internacional Benito Juárez, a la terminal TAPO, al Archivo General de la Nación (antes el Palacio Negro de Lecumberri, a cuyas espaldas fueron ejecutados el presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez), parte del mercado de La Merced, completo el de Jamaica, un tramo del Anillo de Circunvalación, etcétera. Más una red de Casas de la Cultura.

Seis. Memoria, lo reconozco, equitativa. Junto a programas realizados, como el impulso de las expresiones de cultura popular profundamente arraigada; el cultivo de testimonios (fotográficos, documentales, de viva voz), sobre la historia de las colonias más emblemáticas; la expropiación por unas horas de cuadros del Museo Nacional de Arte para ser expuestas y explicadas a alumnos de secundaria; la publicación de la colección Práctica de vuelo, etcétera; los dos fracasos que la memoria me trajo a cuento. Por sus pistolas.

Siete. Sin los materiales a la mano, recordé que, en Práctica de Vuelo, se publicaron poemas de Rubén Bonifaz Nuño y Carlos Martínez Rivas, textos de Andrés Henestrosa, uno de los primeros ensayos de Huberto Batis y una serie antológica del cuento mexicano (dividida en cinco periodos: 1871-1890, 1891-1919, 1911-1930, 1931-1950, y 1951-1970).

Ocho. Torno al tema de este artículo: el súbito recuerdo de dos proyectos, que pudieron modificar el paisaje de la Delegación Venustiano Carranza, en puntos por demás emblemáticos: San Lázaro y Xochiaca. Proyectos, lo reconozco, audaces.

Nueve. De menor envergadura, el primero. Rehabilitar, y tornar en Casa de Cultura, la estación ferroviaria de San Lázaro, frontera al Palacio Legislativo, y castigada por el abandono y el terremoto de 1985.

Diez. Además de auditorio, biblioteca, aulas, galería, Cine Club, la Casa de Cultura San Lázaro, contaría con una cafetería. Con la novedad de que, sería instalada, no en la Estación, sino en el vagón de un ferrocarril. Que se llegó a conseguir en negociación con el Sindicato.  Pero no se avanzó más.

Once. Mayúsculo, en cambio, palabras mayores (diría Luis Spota), el segundo proyecto; tanto, que demandó el apoyo y la intervención de las autoridades centrales del Distrito Federal. Rescate, rehabilitación y renovación de Xochiaca.

Doce. Lugar alucinante, la laguna, al igual que la de Managua, en Nicaragua, vertedero de aguas negras, desechos de toda índole, basura; surtidor de moscos voraces.

Trece. A partir de conversaciones con el Delegado, influidas sin lugar a dudas por nuestra previa experiencia en la UNAM, y de visitas varias al Borde de Xochiaca, una de ellas con la presencia del Regente, se configuró el plan definitivo.

Catorce. Un plan que teniendo como modelo el de Casa de Lago en Chapultepec, excedía con mucho la sola agenda cultural, para internarse en la ambiental y ecológica. Aunque no deja de seducir la posibilidad de un espacio, terreno y lacustre, restituido.

Quince. Zona otra vez natural, con área destinada a la difusión del arte y el conocimiento, con asistencia programada de alumnos de las innumerables Primarias y Secundarias de la Delegación; las aguas límpidas surcadas por lanchas. 

Dieciséis. Un proyecto, pensándolo bien, y yendo más allá de mi memoria, que, de cambiar las condiciones actuales, bien podría retomarse. No importa si corregido y aumentado.

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