Destrucción y creación: la mujer en la obra de Junichiro Tanizaki

Destrucción y creación: la mujer en la obra de Junichiro Tanizaki

Por Elena Escalante Ruiz

 

La versatilidad de Junichiro Tanizaki, en cuanto a los temas y los momentos históricos en los que sitúa sus relatos es innegable. Pero sin duda, el tratamiento psicológico que da a sus personajes es la razón principal por la cual su obra despierta un interés particular

El 30 de julio de 1965, a los setenta y nueve años, murió el escritor japonés Junichiro Tanizaki, considerado por los críticos como el último de los escritores del periodo Meiji[1]. Su legado consiste en trece novelas, cuentos, obras de teatro, ensayos y tres traducciones al japonés moderno del Genji monogatari, obra fundacional de la literatura japonesa; fue escrita en plena Era Heian, alrededor del año 1000, por Murasaki Shikibu, dama de la nobleza. La aportación de Tanizaki a la literatura universal resulta esencial, no sólo por la complejidad de su narrativa, sino también porque mediante su trabajo se ha tenido un mejor y mayor acercamiento a la cultura japonesa, famosa por su riqueza en casi todas las manifestaciones artísticas.

Uno de los temas más fascinantes en la obra de Tanizaki, es la idealización de la mujer, el cual explora una y otra vez, quizá inspirado por el Genji monogatari, o tal vez, por cuestiones autobiográficas. Por lo general, sus personajes femeninos se conocen por medio de la mirada masculina: están rodeadas de cierto exotismo, lo cual resulta muy atractivo y al mismo tiempo perturbador para los hombres que obsesivamente las desean.

El ideal femenino en Japón dista mucho de la concepción occidental sobre este tema: las mujeres de Tanizaki, son misteriosas y su refinamiento, lleno de sutilezas, podría pasar inadvertido a los ojos occidentales más comunes. Sobre este tema se debe recordar las palabras de Ivan Morris, cuando habla de las mujeres de Heian: “Sei Shônagon y las demás escritoras mostraban una notable reticencia cuando tenían que describir el aspecto de los miembros de su propio sexo” (262).

La valoración de Junichiro Tanizaki, por su cultura inspiró una serie de personajes femeninos que viven en distintos momentos históricos del Japón: desde el periodo Heian, hasta los comienzos del siglo XX, en el periodo Meiji. El tema del ideal femenino en Tanizaki tiene una fuerte relación con las artes, pues alrededor de estas hermosas mujeres están presentes la poesía, la pintura, la caligrafía y uno de los temas más significativos en la cultura japonesa: la naturaleza. Todo esto enmarcado por el budismo, cuya influencia es inherente a esta cultura y del cual surgen gran parte de sus concepciones estéticas. Tanizaki es un explorador de la naturaleza humana: sus personajes están muy lejos de ser arquetipos convencionales. Ésta es otra de las virtudes de su obra, ya que no intenta hacer una literatura moralizante, sino todo lo contrario: aunque los conflictos de sus tramas parecen ubicarse en el nivel de lo cotidiano, sus temas distan de serlo. Pensemos en las dualidades que constantemente se encuentran en su obra: lujuria/timidez, pasividad/perversidad, todo esto de manera sugerente, cualidad que quizá tiene sus raíces en el concepto del haiku, cuya virtud radica en la austeridad de una imagen que aparece rápida y condensada pero que abre todo un universo evocativo.

La obra de Tanizaki se divide en tres periodos: el primero es el periodo Taisho (1912-1926), influido por la literatura occidental; el periodo Taisho, surge como antagónico del naturalismo y a la literatura confesional de “yo”; este movimiento literario se divide dos grupos: el shirakawa, y la escuela esteticista, a la cual perteneció Tanizaki: “The aesthetic school was committed to the pursuit of the beautiful, even to the point of sacrificing social and moral integrity” (Noriko Mizuta, 4). Autores como Baudelaire, Wilde, Mallarmé, Swingburne y Poe, pueden reflejarse en esta etapa temprana de la obra de Tanizaki. Como también la literatura japonesa de los siglos XVII y XVIII, y el teatro Kabuki. Pero la influencia de la literatura occidental en Tanizaki, como él mismo explicó, tuvo muchas vertientes: “Western literature has no doubt had all sorts of influences on us, but among the principal ones, I think, is ‘the liberation of love’ (ren-ai no kaibô), or, to push the matter a step further, ‘the liberation of sexual desire’ (seiyocu no kaibô)” (Edward Seidensticker 13).

El cuento de “El Tatuador” (Shisei), publicado en 1910, es considerado su obra maestra representante del periodo Taisho. Menciono este cuento para enfatizar que desde los inicios de su carrera pueden apreciarse ciertas características o parámetros estilísticos que el autor estudia a lo largo de toda su vida creativa.

La historia de “El Tatuador” se desarrolla en la época Tokugawa, nombre de la casta shogun que gobernó en Japón de 1600 a 1868. En este periodo surge una nueva cultura confuciana y moralista. Esta época también se distingue por la poca solvencia económica del Estado y por lo tanto de la aristocracia, en contraste con el desarrollo comercial del cual surgió una nueva clase social: los chônin, comerciantes que gozaban de riqueza. La cultura de los chônin se oponía a los preceptos de la moral confuciana que apelaba a la austeridad. Los chônin “Hacían hincapié en lo personal, en lo inmediato y en lo erótico. Su ideal llegó a ser el ‘mundo flotante’ (ukiyo), el mundo de la elegancia y de la diversión popular” (John Whitney, 207). A este mundo pertenecen el tatuador Seikichi, y la hermosa joven que pronto será geisha, y cuyo nombre nunca conocemos.

La geisha es un elemento muy significativo dentro del Ukiyo, pues era educada para ser una preservadora de la tradición japonesa, como también de su estética. En este sentido, Tanizaki inicia con “El Tatuador”, el tema más recurrente de su obra: el ideal femenino y el conflicto basado en la pasión (ninjô). Tanizaki, también utiliza elementos históricos como los dibujos chinos en pergamino que Seikichi muestra a la joven geisha, dándole a la ficción cierto matiz de verosimilitud y riqueza, al buscar enaltecer los parámetros estéticos característicos del Ukiyo. Los dibujos apergaminados también podrían representar los ciclos de la naturaleza, si pensamos que la historia de la bella geisha y Seikichi, se repite una y otra vez.

En este relato el cuerpo aparece como fetiche: Seikichi se obsesiona con la joven geisha al observar sus pequeños y bien formados pies. Tanizaki utiliza este motivo en obras posteriores como “Aguri, que descubre la piel interior de sus muñecas. Sin embargo, en Seikichi, este sentimiento pasional dista mucho de ser común, ya que la belleza de la joven geisha es para él casi inhumana: “… but for a while he only sat there entranced, savoring to the full her uncanny beauty. He thought that he would never tire of contemplating her serene masklike face” (Seven Japanise Tails, 167). Las palabras masklike face, remiten a lo no vivo o sobrenatural y con la frase, “uncanny beauty”, Tanizaki crea un dilema: la sumisión de los hombres que admiran la belleza de la joven geisha, despierta en ella un sentimiento de perversidad.

La versatilidad de Junichiro Tanizaki, en cuanto a los temas y los momentos históricos en los que sitúa sus relatos es innegable. Pero sin duda, el tratamiento psicológico que da a sus personajes es la razón principal por la cual su obra despierta un interés particular.

Tanizaki mostró a Occidente la esencia de su cultura. La importancia de la poesía en la vida cotidiana y su relación con todo, en especial con la naturaleza. Por medio de los conceptos Wabi y Sabi, nos mostró la complejidad de la estética japonesa: su sentido de la austeridad y la sencillez.

Desde mi punto de vista las obras de Junichiro Tanizaki son un tratado de estética.

 

 

 

Tanizaki, Junichiro. “Seven Japanise Tails. Vintage Books”. A división of Random House, Inc. Nueva York: 1996.

Morris, Ivan. “El mundo del príncipe resplandeciente”. Las mujeres de Heian y sus relaciones con los hombres. Editorial Atlanta, 2014.

Tanizaki and Poe: The Grotesque and the Quest for Supernal Beauty. Author: Noriko Mizuta LippitReviewed work(s): Source: Comparative Literature, Vol. 29, No. 3 (Summer, 1977), pp. 221-240 Published by: Duke University Press on behalf of the University of Oregon.

Tanizaki Jun-ichirō, 1886-1965. Edward Seidensticker Reviewed: Monumenta Nipponica, Vol. 21, No. 3/4 (1966), pp. 249-265 Published by: Sophia University.

 

[1] El periodo Meiji, comienza el 23 de octubre de 1868 y termina el 30 de julio de 1912. Abarca los 45 años del reinado del emperador Meiji. Junichiro Tanizaki, nació el 24 de julio de 1886.

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