GUERRA Y POSTGUERRA, SOBREPUESTAS

GUERRA Y POSTGUERRA, SOBREPUESTAS

Fernando Curiel

Para Antonio y Coni

Uno. En la novela corta El extranjero, Albert Camus, traza a un personaje, Meursault, indiferente a todo, incluso a su propia ejecución, acusado más que de un homicidio, cometido sin motivo aparente, en una playa de Argel (todavía posesión francesa), de fría, exasperante, impasibilidad.

Dos. Conducta que mantendrá (suponemos, la novela termina antes), mientras la cuchilla de la guillotina, desciende, vertiginosa, en procura de su cuello.

Tres. Pues bien: a diferencia de Meursault, yo me pronuncio locuaz, portavoz de pensamientos compartidos, pero sólo por excepción, expresados. Doy un ejemplo.

Cuatro. ¿Qué ley no escrita, autoriza, para no ir tan lejos, salirnos del continente americano, a Trump, a López Obrador, a Bolsonaro, sujetos públicos, a no usar tapabocas, mientras lo hace el resto de los mortales (bueno, no todos), empezando por las poblaciones que los eligieron, en buena o mala hora?

Cinco. ¿La función que desempeñan les expide una inmunidad sobrenatural, el tiempo de su mandato? ¿O los protege un antídoto ya descubierto, pero aún secreto? ¿O simple y llanamente encarnan la alegoría de que sólo ellos pueden hablar (en algún casi sin parar, las 24 horas del día), mientras los demás, los ajenos al poder y sus compulsiones, deben llevar una mordaza, no importa si convencional o hecha con un paliacate o diseñada por Carolina Herrera? Insisto en no salirnos de América.

Seis. Digo yo que, además de la “verdad” oficial, que se expresa con mentiras a medias y medio verdades, a estas alturas de la pandemia, que, o achata un rato su curva ascensional o rebrota, en tanto la economía se hunde, lo cotidiano antiguo se pulveriza, urge asumir ciertas verdades mondas y lirondas.

Siete. ¿Verdades como cuáles? Como la de que uno de los efectos del Covid19, ha trastocado la temporalidad a la que estábamos acostumbradas, por experiencia propia o de oídas.

Ocho. Guerra y postguerra (Primera y Segunda Mundiales, Corea, Vietnam, Israel), que conformaban etapas sucesivas, ahora se traslapan, asimilan, empatan. Las vivimos por parejo. Unos con tapabocas (¡Cállate!¡Limítate a escuchar!), otros sin tapabocas (¡Aquí sólo mis chicharrones truenan!).

Nueve. Escenas bélicas: poblaciones bajo el asedio de fuerzas enemigas, confinadas, devastadas. Escenas de postguerra: carencias, sueños de Planes Marshal que salven (como el tratado tripartito que acaba de reunir, con ausencia de Trudeau, a Trump y a AMLO, en un juego de florituras la verdad, pasmosas), apremio de cadáveres para que la ciencia adelante, traumatismos de por vida.

Diez. He comenzado, junto con amigos, a tornar a los sitios de antes (calles, restaurantes); de antes de que Natura declarara hostilidad mortal a una civilización depredadora, de antemano enferma; y resiento, de inmediato, la combinación de guerra y posguerra.

Once. En un mismo espacio, dos tiempos. Aquí, una agresión masiva que no se da descanso (como los bombardeos nazis de Londres); allá, una liberación con sus peros, los propios de toda realidad que sigue a los armisticios.

Doce. ¿Cómo aprender a sobrellevar tamaña dualidad? Doy como ejemplo una cena, en un restaurante ubicado dentro de un centro comercial. La amenaza del ataque se respira en el aire, clientes y servicio en estado de alerta. Y, al parejo, aunque suspicaz, la reconstrucción.

Trece. La conversación misma se disloca. Un pie en la guerra, que aún no termina; otro en la posguerra, que no comienza del todo aún.

Catorce. No importa tanto el tema. La experiencia de cada quién en el encierro, las revelaciones ya conocidas del saqueo de las arcas públicas, las extradiciones en curso, la suerte profesional de cada quien, los hijos, la fementida luna de miel México-norteamericana. Mezcladas ruinas y resurrecciones.

Quince. Las mesas separadas y, entre unas y otras, invisibles trincheras en las que prosigue encarnizado combate; meseros equipados con yelmos; “sanitización” obsesiva.

Dieciséis.  Y, a la salida, una plaza por zonas oscura y a trechos iluminada. Guerra y postguerra trasvasándose. La nueva (a)normalidad.

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