La universidad y lo que puede venir

La universidad y lo que puede venir

Por Humberto Muñoz García[1]

 

Saliendo del confinamiento, las universidades tendrán que ajustarse, flexibilizarse. Habrán de tomarse un tiempo para capacitar a los profesores en la docencia digital, a medida que  suceda la renovación de académicos. Tendrán que cambiar los métodos de evaluación, para que dejen de ser mecanismos de premios y castigos, pura contabilidad de resultados, just in time,  y mejorar las capacidades digitales de estudiantes.

 

Con base en la información disponible, ningún pronóstico acierta cuándo terminará la pandemia. Tampoco sobre lo que puede pasar después del coronavirus. Hay muchas elucubraciones, acerca de lo que viene. Se reconoce, sin embargo, que la situación de la economía mexicana, por lo pronto, es bastante mala. Cierre de empresas, falta de trabajo, pérdida de recursos, a lo que se suman los terribles actos de violencia que relata la prensa. ¿Cuánto más va a durar la contingencia? Sería demasiado desgastante para toda la sociedad si hay un rebrote y vuelta al confinamiento.

Cuando se vislumbre el fin de la sana distancia habrá necesidad de ajustes en muchos órdenes sociales, pero no contamos con un plan de recuperación explícito que haga sentir seguridad y certeza a la ciudadanía. Estamos en un escenario de miedos: a la muerte propia o de algún miembro de la familia, miedo a contagiarse y no encontrar atención hospitalaria, de salir a la calle y ser asaltado, de no volver a encontrar trabajo, de no poder ingresar a la universidad, de tener que quedarse en casa para recibir cursos on line, de no aprender porque en el hogar no hay condiciones y facilidades para estudiar, miedo a no sé cuántas cosas más. La combinación de estrés, miedo  y violencia es explosiva (Augé, 2014), más, sí se agrega una pobreza generalizada.

Asimismo, hay empeño en debilitar al gobierno, crear desconfianza en sus políticas. Desgastarlo. Tenemos un gobierno que no tiene y no recibe suficiente dinero para afrontar su compromiso de atender con urgencia a sectores muy vulnerables. Que no puede contrarrestar el que la pandemia ha sido más cruel con los más necesitados. Si disminuye la legitimidad, la recuperación será más lenta; darle celeridad implica tomar medidas fiscales que brinden posibilidades de acción al gobierno.

En materia de educación superior, los jóvenes que van a entrar a la universidad no tienen claro qué les va a pasar. Terminaron el bachillerato, y no saben si van a ser aceptados para iniciar su carrera. Tampoco se sabe cuántos han desistido de seguir estudiando, de qué monto va a ser la deserción escolar. Hay protocolos de regreso a clases, pero son desconocidos por muchos estudiantes.

Entretanto, una vez que se declaró la contingencia, las universidades giraron hacia la educación remota, para concluir el semestre. Si, en lo sucesivo, las instituciones públicas comienzan a manejarse con un modelo educativo híbrido, en el que la formación a distancia se combina con actividades presenciales, entonces, se dejará sentir, más aún, el hiato digital. El cual, representa un obstáculo para estudiantes de familias con ingresos limitados, que no tienen computadora e internet en casa. De lo que se sabe, actualmente, es que priva la iniquidad en el acceso a los instrumentos electrónicos y a la conexión a internet, división que es acentuada social y territorialmente en el país.

La migración de las universidades a los sistemas “on line” fue para concluir el semestre, que no es lo mismo que adoptar la educación virtual de manera sistemática. La metodología de la enseñanza está pensada y aplicada para cursos presenciales, que son insustituibles en una realidad social fragmentada. Frente a esta realidad, se requiere que los jóvenes estudiantes vivan la sociabilidad que ocurre en la escuela, un aula presencial donde los problemas se debatan racionalmente, una interacción social que permita aprender el uso de la lógica argumentativa, el pensamiento crítico, deducir e inducir de la información que se recibe, elaborar conocimiento de los datos en equipo. La energía del aula se pierde en la individuación del estudiante y su computadora en casa. Lo digital es inevitable, pero es necesario pensar cómo introducirlo al aula para beneficio de cada uno en el colectivo.

Saliendo del confinamiento, las universidades tendrán que ajustarse, flexibilizarse. Habrán de tomarse un tiempo para capacitar a los profesores en la docencia digital, a medida que  suceda la renovación de académicos. Tendrán que cambiar los métodos de evaluación, para que dejen de ser mecanismos de premios y castigos, pura contabilidad de resultados, just in time,  y mejorar las capacidades digitales de estudiantes.

Los cambios habrán de contemplar que la oferta educativa responda a los proyectos de desarrollo de los entornos, uno de cuyos ejemplos es la ENES-Mérida de la UNAM. Las universidades públicas tienen la tarea de producir conocimiento pertinente y de recrear los espacios públicos en conexión con la sociedad.

Asimismo, prestar especial cuidado a la permanencia y egreso de los estudiantes, apoyar al magisterio con salarios dignos, y reconocer su compromiso con las instituciones, planear que las iniciativas institucionales cuenten con el debido financiamiento, y colaborar para eliminar, lo más posible, las asimetrías que guardan las instituciones en el sistema de educación superior. Jugar el papel central para el desarrollo, en este siglo del conocimiento, para remontar los problemas que deje la pandemia.

[1] UNAM. Programa Universitario de Estudios sobre Educación Superior. IIS. recillas@unam.mx

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