Tensiones universitarias

Tensiones universitarias

Por Humberto Muñoz García[1]

Las humanidades y las ciencias sociales auxiliarán a que se creen mejores relaciones sociales

La contingencia sanitaria y el resguardo en casa no han impendido que los investigadores sigamos observando la realidad social, la crisis que se manifiesta por doquier, que va a ser muy difícil de vencer. La problemática y las preocupaciones intelectuales que suscita la pandemia son tan vastas que hay que hacer algún recorte. Tratándose de la universidad, marcaré algunas tensiones sobre aspectos que me gustaría compartir con los lectores.

1 Hay, de tiempo atrás, una sensación de que las humanidades y las ciencias  sociales están colocadas en un segundo nivel en la política académica. Recientemente, nos hemos reunido, por vía electrónica, un grupo pequeño conformado por un literato, una historiadora, un filósofo y un sociólogo. Nos animó dialogar sobre la importancia de las humanidades y las ciencias sociales, en la investigación y en la docencia universitarias, porque en este momento son relevantes para producir sociedad, relaciones sociales que impulsen la salida a los graves problemas, como los que van a seguir después del confinamiento.

Hemos redactado dos manifiestos en pro de las humanidades y las ciencias sociales que publicamos en la revista digital “Puño Electrónico”, y pronto saldrá un tercero que difundiremos por tal medio y varias páginas electrónicas más.

Por ahora, indicaré un par de cosas sobre el valor de estos campos de conocimiento.  La universidad puede ofrecer educación de la más alta calidad a través de sus cursos en las disciplinas humanísticas y sociales. Son conocimientos profundos, que adicionan capacidades analíticas a otras ciencias, cuando necesitan entender y explicar un problema con efectos sociales.

En la docencia, el conocimiento humanístico trasmitido a los estudiantes brinda condiciones para que reflexionen sobre sus vidas y sus acciones frente a la otredad; superar su situación social y abrir la mente a la cultura, la ética y los valores ciudadanos. Las ciencias sociales, desde esta perspectiva, son fuente de impulso a la participación democrática y al ajuste de la ciudadanía al cambio de la sociedad. Estimulan la participación razonada para romper la exclusión social como quiera que se presente.

Las humanidades y las ciencias sociales auxiliarán a que se creen mejores relaciones sociales, (recojo aquí la idea del filósofo Javier Echeverría), en el tercer entorno, que es el espacio social donde se desarrollarán las tecnologías digitales para la información y la comunicación. Este es un entorno, que se volverá predominante, en el que estamos comenzando a vivir los humanos.

2. Entretanto, análisis recientes de la relación educación-empleo en México han enfatizado que la economía ha sido incapaz de absorber a los egresados de educación superior, y que sus condiciones de trabajo han venido deteriorándose. Una tensión primaria.

En la coyuntura, se han manejado cifras que indican que la crisis económica durante la pandemia ha afectado notablemente a la población de 15 a 29 años, entre la cual los despidos del trabajo han sido más grandes, según el IMSS. Además, en el estudio del PUED-UNAM se estimó que la pobreza extrema por ingreso paso de 22 a 38 millones de personas. Esta crisis ha empeorado la tensión social en México. Fortalecer a las universidades públicas podría ser de gran ayuda para remontarla.

3. Pasando a otro punto, la atención a la investigación, al posgrado y a la licenciatura, no debe hacer que se olvide el bachillerato. Ahí está el potencial humano que tendrá el país para llegar a mediados de siglo. Es un nivel escolar que, perteneciendo a una universidad, debe ser tratado de forma muy especial. Es menester elevar académicamente el nivel medio superior, que no se puede dejar a la deriva.

Por un lado, a los profesores, porque de ellos dependen los contenidos de los cursos, pero también porque son quienes orientan a los jóvenes en un momento de definición de sus vidas.

Los profesores en el bachillerato público, en su gran mayoría, son contratados por horas y hay un segmento que cumple más de 30 horas en varios planteles; son una población muy móvil y con malas condiciones de trabajo. Por ejemplo, en la UNAM, tres cuartas partes del profesorado de bachillerato son de asignatura. En el país, habría que revisar su status porque ayudaría a preparar mejor a los estudiantes para cursar sus carreras.

Los estudiantes que asisten al bachillerato púbico tienen orígenes sociales distintos. Puedo ilustrar el caso con los datos de una encuesta (SIJ, 2015) levantada en la UNAM: el 20 por ciento de los estudiantes viene de hogares situados en los dos deciles de ingresos más altos. También, el 20 por ciento proviene de los hogares ubicados en los dos deciles más bajos. Los bachilleratos universitarios tienen alumnos de todos los niveles sociales. Y, todos los estudiantes (98 por ciento) desean hacer una carrera universitaria, por lo que es indispensable que se rompa la brecha digital, un asunto imperativo para no quedar desconectado, con las tensiones que ello produce.

[1] UNAM. Programa Universitario de Estudios sobre la Educación Superior, IIS. recillas@unam.mx

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