RUTA PENDIENTE: CUICUILCO

RUTA PENDIENTE: CUICUILCO

Fernando Curiel

Para Paula Curiel Rivera

 

Uno. No obstante contar con varias rutas, histórico-turísticas, el Sur de la Ciudad de México, indolencia de unos y otros, no ha merecido una planificación a fondo. Sobresalen, sí, San Ángel, La Bombilla, Chimalistac, Ciudad Universitaria, de manera señalada; pero como sitios concretos y no parte de trayectos largos, que permitan un desplazamiento que lo es en el suceder urbano. De rutas están entretejidas la promoción y uso de Nueva York, París, Londres, Viena, Berlín, Madrid y tantos otros destinos turísticos del Viejo y del Nuevo Continente. La de Cuicuilco es una de tales rutas pendientes. Claro, cuando el Covid-19 así lo disponga.

Dibujo de Fernando Botas

Dos. Asimismo, fallamos, como chilangos, en el pasado, al borrar el paisaje lacustre original; y, en el presente y en el futuro, al no cosechar las lluvias torrenciales, pese a vivir la capital bajo la amenaza de un estiaje permanente. Sobre el primer punto, no puedo ahorrar la mención a las “vistas” del recién llegado Hernán Cortés, inscritas en la tercera de sus Cartas de Relación. La admirable Tenochtitlán, isla; las dos lagunas, una de agua salada, de agua dulce la otra; los cientos de canoas transportando, comerciando, muchas veces sin casi tocar tierra; los puentes, fijos o movibles dentro de la ciudad de calles y de acequias.

Ilustración de Fernando Botas

Tres. Un trazo parece imponerse, respecto a Cuicuilco, con la Avenida de los Insurgentes como eje. Se baje de San Ángel, o se proceda de Coyoacán. Primera parada: Ciudad Universitaria. La original de Estadio, Torre de Rectoría, Biblioteca Central, Explanada, Facultades; y la subsecuente de Centro Cultural (“Cultisur”) con sus salas de música, teatros, cines, restaurantes y el todavía polémico MUAC (en cuanto proyecto arquitectónico, que trastocó la original fachada, con la Sala Netzahualcóyotl como protagonista, y en cuanto programación museal, hoy por hoy dependiente).

Cuatro. Recorrido que se complementará, atravesado el sembrado de esculturas, con la inmersión en el Espacio Escultórico, un afortunado logro colectivo, así, a posteriori, alguno de los artífices reclame voz en cuello, exclusividad. Camino a Cuicuilco, exigirían especial atención, el mural de mosaicos, obra del chapín-mexicano Carlos Mérida, intitulado “Abstracción integrada”, y estratégicamente instalado en uno de los accesos vehiculares al Centro Cultural; y el asomo a lo que queda de la Ruta de la Amistad.

Foto de Octavio Olvera Hernández

 

Cinco. En otro momento, yo también me detendré. En primer término, para contar la transportación del mural de Mérida, de su original emplazamiento en el exterior el edificio de Bujías Champion, en la colonia Industrial Vallejo, a su sitio actual, contra el parecer de algún investigador del IIEs, quien aducía, sin pruebas fehacientes, una supuesta última voluntad del artista, en el sentido de que, de trasladarse el mural a la UNAM, se le colocara en sitio solitario para dialogar con la Naturaleza (¡vaya destino para el arte público!); y, en segundo, para ocuparme de la Ruta de la Amistad, parte esencial de la Olimpiada Cultural del 68, renegada por tirios y troyanos.

Foto de Octavio Olvera Hernández

Seis. Meta final: Cuicuilco. Pirámide y asentamiento, de tal suerte abandonados, que la visita guiada se adentraría en lo virtual. Información de cuerpo ausente. Población del Preclásico, anterior a la Era Cristiana, devastada por la irrupción del volcán Xitle, cuyos vertidos ígneos darían lugar a la vasta zona sureña de Los Pedregales, y del que sobresalía una especie de monumental cuerpo pétreo, simétrico, cubierto de maleza. Que en fecha tan tardía como la del período 1922-1925 (obregonismo primero), Byron Cummings, de la Universidad de Arizona, demostraría, ser el basamento de una pirámide; además de encontrar dos Dioses del Fuego y cinco altares de forma oval en la cúspide del basamento, que por siglos destanteó a ejércitos de mirones.

Foto de Octavio Olvera Hernández

Siete. Acudo a una fuente autorizada: “además de liberar tres cuartas partes de la pirámide (fachadas oriente, sur y poniente), Cummings estableció tres grandes etapas constructivas para el Gran Basamento, dos accesos en forma de rampa —uno al oriente y otro al poniente—, y observó varias características, entre ellas: que su núcleo central era de tierra y que la fachada estaba recubierta de lodo. Además de lo anterior, descubrió una estructura circular, al sur del Gran Basamento […]. Esta estructura fue construida con una serie de lajas en forma circular”, vaya, como si fuera un cono volcánico (Felipe Ramírez, “Arqueología de Cuicuilco. Ayer y hoy”, en Arqueología, vol. XXV, núm. 151, p, 28).

 

Ocho. Las excavaciones prosiguieron a finales de los 30’s, y a principios y durante la segunda parte los 50’s, y a comienzos de los 60’s; aunque no fue sino hasta la construcción de la Villa Olímpica, que el INHA interviniera en un proyecto de salvamento arqueológico. Y hasta ahí llegamos. Claro quedó, empero, que Cuicuilco no se reducía a una pirámide, sino que abarcaba por todos sus costados a una amplia zona, en trato y comercio con poblaciones aledañas. Una fundamental Zona Arqueológica, pues. En la estirpe urbana de Teotihuacan.

Nueve. Potestad del curioso visitante, concluido el recorrido, es sortear el paso, en ambos sentidos, de vehículos, transeúntes, uno que otro perro callejero, vendedores de empanadas de nata, cacahuates japoneses, y adentrarse en Perisur, el edén consumista que ha terminado por acaparar el destino y sentido de ese punto del Sur. O dirigirse a las bibliotecas de la UNAM o de El Colegio de México, en procura de mayor información sobre el volcán Xitle, a un costado del Ajusco, y su catastrófica erupción. Reitero: cuando la Pandemia, lo disponga.

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