LA DIVULGACIÓN HUMANÍSTICA

LA DIVULGACIÓN HUMANÍSTICA

Fernando Curiel, Virginia Guedea, Guillermo Hurtado, Humberto Muñoz

Uno. En 1910, se fundan la Escuela Nacional de Altos Estudios y la Universidad Nacional de México, y, entre las funciones de ésta última, se incluye la extensión; entendida como beneficio al servicio de la población general, con énfasis en el elemento popular.

Dos. La extensión como tal, había sido iniciativa del equipo que, en 1909, fundaría el Ateneo de la Juventud, en cuyas filas destacaban figuras que lo serían de la cultura y la política del siglo XX. Antonio Caso, Pedro Henríquez Ureña, José Vasconcelos, Alfonso Reyes, entre los principales. Esfuerzos de redistribución del saber (que es un poder) cuya máxima expresión lo fue la Sociedad de Conferencias, y que culminaría con la Universidad Popular Mexicana (1912-1922, aproximadamente).

Tres. Por demás fructífera resultó la alianza entre los jóvenes, verdadera guerrilla cultural urbana, y Justo Sierra, el artífice del sistema de educación nacional. Sierra no sólo participó en algunos de los episodios públicos del nuevo grupo, como el homenaje a Gabino Barreda en 1908, sino que, además de reconocer estructuralmente a la extensión, incorporó a dos de los ateneístas, Caso y Henríquez Ureña, como colaboradores del primer Rector, Joaquín Eguía y Liz, y alentó dentro del programa del Centenario, el ciclo Conferencias del Ateneo de la Juventud.

Cuatro. No sobra recordar que, en tanto Caso será designado Rector por dos ocasiones, Henríquez Ureña escribirá, como tesis de su examen de Abogado, La Universidad, reflexión, entre las primeras,  dedicadas a un organismo que marcará la pauta para la fundación de nuevas universidades públicas.  Su autor se cuida de señala que entre “los propósitos con que nació la Universidad Nacional de México (y que consta en su Ley Constitutiva) se hallaba la extensión universitaria”.

Cinco. En su arranque, la extensión universitaria no fue confiada a un aparato burocrático, sino que se reservó como una de las atribuciones del también naciente Consejo Universitario; enfrentando dificultades organizacionales y operativas, que con el paso del tiempo llevarían al establecimiento de Departamentos, Direcciones o Coordinaciones especializadas, aunque sin deslustrarse la razón de ser de la extensión: desdoblamiento del claustro; tarea de la importancia de la docencia y la investigación; popularización, democratización por qué no, del producto intra muros.

Seis. Rotundo significado adquirió la tercera función universitaria a lo largo de la cruzada educativa vasconceliana, singular fusión de la Universidad Nacional y la flamante Secretaría de Educación Pública. Campañas de alfabetización, publicaciones (entre ellas la colección de Clásicos), muralismo, bibliotecas, revista El Maestro, arte popular, Estadio Nacional. Y más adelante, en 1937, se expide el Primer Reglamento de Extensión Universitaria, comprensivo de todos los medios al alcance, desde Cursos por Correspondencia, pasando por la Revista de la Universidad, hasta la puesta en marcha de Radio Universidad.

Siete.  El triple objetivo universitario, de otra parte, indisoluble, se mantiene en las legislaciones de 1929, 1933 y la vigente de 1945; cifrándose en definitiva el que aquí interesa, como el de “extender con la mayor amplitud posible los beneficios de la cultura”. Con dos particularidades.

Ocho. Por una parte, administrativamente, la primera en consolidarse es la extensión artística (teatral, musical, de danza, pictórica, cinematográfica) y literaria, incorporando, a partir de cierto momento, secciones de Humanidades y de Ciencias; siguiéndola en el tiempo, la independiente Divulgación Científica; e Incluyendo ambas la formación de personal especializado, recintos, programas editoriales y museos. Por otra, sobre todo en la artística y literaria, su práctica termino por confundir extensión, orientada a públicos generales, y difusión, hacia el interior (y sus riesgos asistencialistas y clientelares).

Nueve. Por lo que se refiere a las Humanidades, no es sino hasta el año 2004 que, del seno del Consejo Técnico de Humanidades, autoridad colegiada de la Coordinación de Humanidades, surge un específico proyecto de vulgata, descansando esencialmente en la planta académica, de extensión de las Humanidades y las Ciencias Sociales. Si bien no es poco lo conseguido, con sus altibajos, apremia conducir el proyecto a sus posibilidades últimas. Sobre todo, si se considera, tomándola por los cuernos, la situación catastrófica por la que atraviesa la sociedad mexicana. Y en la que filosofía, filología, ética, historia, derecho, sociología, estética, antropología, entre las principales ramas de las Humanidades y Ciencias Sociales, adquieren la condición de artículos simbólicos de primera necesidad.

Diez. Por último, si numerosos son los vasos comunicantes entre las propagaciones de las artes y la literatura, y la humanística, respecto a ésta última y la científica, obligatoria es la asunción de las diferencias entre ambas, como saberes pares, aunque de distinta índole en sus métodos, procedimientos, evaluación y vulgata; lo que no inhibe, antes reclama, el diálogo profundo y sostenido entre ambos conocimientos.

Once. Lo que, a nuestro juicio, se espera de la divulgación humanística, es su recrudecimiento institucional pleno, como que exprese, hacia adentro y hacia afuera del campus, tanto la resignificación de contenidos y multidisciplina que su propia historia de inquisiciones poliédricas impone, como la complejidad en la que la humanidad y sus obras, temas axiales de las Humanidades, vacilan entre y derrumbe y la resurrección. Y si existe un punto excepcional de trasvase entre las Humanidades clásicas y de nueva creación, y las Ciencias Sociales, este es el de su comunicación a la sociedad.

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