Ciudades adentro o descripción, rumbo a los 78

CIUDADES ADENTRO

O

DESCRIPCIÓN, RUMBO A LOS 78

Fernando Curiel

Cuento con dos matrimonios, atajados por sendos divorcios; relaciones sentimentales a porrillo, amor de cabotaje, a la vista las seguras costas; un historial considerable de domicilios, en Taxco, en la Ciudad de México, en Madrid, en Managua; una compulsiva propensión a la decoración de interiores —sin oposición, hasta ahora, de mis parejas—; y una no menos compulsiva tendencia chacharera, cuyos únicos límites son los de los espacios disponibles, en un santiamén saturados.

Vengo de los cuarentas del siglo XX. Mis últimos lugares de residencia, combinan el Barrio de Los Pedregales, en Taxco, Guerrero Mártir, y Copilco el Alto, en la Ciudad de México. En el mismo orden: Casa Jacaranda y “El Búnker”.

Foto: Octavio Olvera Hernández

Dejo a un lado los materiales de la casa, que yo diseñara, y levantara el arquitecto Patrick Berger, y del departamento, construido allá por 1975, por lo tanto, ajeno a mi intervención (aunque debo reconocer una plausible sensibilidad de la empresa inmobiliaria en cuanto a espacio habitacional y vegetación en diversas zonas del multifamiliar, impresión que me confirmara uno de los arquitectos a cargo del proyecto, a la sazón pariente político mío por parte de una de mis primas).

Me constriño a los interiores, muebles y ornamento.

Foto:Octavio Olvera Hernández

Maderas: el ligero pino, el duro cedro, el granítico palo de rosa, el dúctil naranjo. Vigas, bases de camas, sillas, mesas, bancas con reminiscencias de las de las iglesias, siempre un burro de carpintería como mi principal mesa de trabajo, mesitas, bancos (mesas, mesitas, bancos, mandados a hacer a carpinteros, o adquiridos entre vendedores callejeros de muebles y pintados especialmente de negro o amarillo que los transforman de manera radical).

Foto: Octavio Olvera Hernández
Foto: Octavio Olvera Hernández

De los Tres Reinos, abundancia del mineral (perfectas piedras de río, material de la extracción minera, esculpidas figuras de todas las especies animales, si bien en la variada colección de piedras, aún me falta la llamada “Rosa del desierto”, enorme, pétrea floración), y del animal, aunque ni perros ni gatos ni peceras, únicamente fósiles marítimos: caracoles, cochas, estrellas de mar.

Fotos: Octavio Olvera Hernández

Lo mínimo, en cambio, del reino vegetal.

Y del humano, todas sus expresiones, modalidades.

Libros, cuadros, esculturas, íconos y demás representaciones religiosas, cruces, vajillas, predominio de equipales, libreros apropiándose de todo espacio libre, prendas que entremezclan épocas y estilos (mínimo de los 60’s en adelante), figuras y figurillas, compacts que sumados los de Casa Jacaranda y El Búnker dan miles, plumas, relojes, libretas, cuadernos, zapatos, corbatas incluidas las de “pajarita…”

Todo, lo colgado, lo exhibido, lo elegido, por fuerza, en exceso.

Terreno prohibido: la no acumulación, la frugalidad decorativa, el minimalismo.

Les llamaría, extensiones del cuerpo y espejos del alma, entremezclados.

Los verdaderos reflejos, una última piel (y, al tenor de la edad, voluntad).

Quizá, la verdadera autobiografía.

Foto: Octavio Olvera Hernández

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