Septiembre de 1910. La Universidad al trasluz

HACE YA MUCHAS LETRAS

ANA ELENA DÍAZ ALEJO

SEPTIEMBRE DE 1910

LA UNIVERSIDAD AL TRASLUZ

 

Con motivo del centenario de la Universidad Nacional de México, fundada en septiembre de 1910 por el Maestro Justo Sierra, nuestra Máxima Casa de Estudios, bajo el signo de su Seminario de Investigación sobre Historia y Memoria Nacionales, publicó La Universidad, de Pedro Henríquez Ureña (Edición crítica, estudio preliminar, notas y apéndices de Fernando Curiel Defossé, 2010), tesis presentada en 1914 por el ilustre humanista dominicano en la Escuela Nacional de Jurisprudencia de México para obtener el título de abogado. Los temas allí tratados reflejan la circunstancia política en la que estaba inserta la cultura nacional. Notable documento histórico para la mejor comprensión de nuestra Casa en los albores del siglo XX.

Desde la Real y Pontificia Universidad de México, fundada por Real Cédula del 21 de septiembre de 1551 –hace 469 años– hasta la actual Universidad Nacional Autónoma de México, el espíritu universitario ha ido conformándose a la luz de distintas ideas obedientes a su momento y a sus necesidades. Estos avatares han surgido de pasos arduos y, en ocasiones, dolorosos. De cada suceso no es difícil tener a la vista los grandes resultados, pero ignoramos la efervescencia que los produjo, las secretas motivaciones, las consecuencias aleves, los caminos inesperados, las brechas ocultas. De esto se encargan los historiadores; ellos, de manera particular y específica, atienden tales o cuales períodos así como a las instituciones aportadoras de los elementos básicos para la construcción de todo juicio histórico. El buen éxito de esas tareas exige el análisis de una riquísima dotación documental reveladora de fechas, acuerdos, manifiestos, discusiones, y toda la información no sólo de los grandes pasos, sino de los matices, de las sutilezas, de los nimios detalles integradores de la microhistoria, conformadores de la gran Historia, como afirmó el distinguido historiador don Luis González. Pero además del inevitable bagaje de materiales de investigación, es preciso un espíritu crítico capaz de mirar con amplitud los acontecimientos, de seleccionar los hechos, de interrelacionar las actitudes, de unir los conceptos, de buscar las secuencias, de encontrar los antecedentes, en fin, de historiar.

Permítame informarle sobre las particularidades de la edición conmemorativa citada aquí. El doctor Fernando Curiel Defossé, agudo e insuperable historiador de la cultura en el siglo XX, ha partido de la tesis de Pedro Henríquez Ureña para precisar el marco histórico esclarecedor de los afanes universitarios desde el Ateneo de la Juventud (1909) hasta las concepciones vigentes. Realizada sobre la base de una puntual investigación, el doctor Curiel nos ofrece, en un riquísimo aparato crítico, las luces necesarias para la mejor intelección del texto. Y en palabras de apretada y dura síntesis, hace gala de un pulcro manejo de fuentes cuyo resultado en cien páginas preliminares nos entrega verdades inusitadas relativas al complicadísimo tejido socio-político-cultural del México del siglo XX; nos descubre la visión de Justo Sierra, de Antonio Caso, de José Vasconcelos, de Alfonso Reyes; asistimos a la fundación de la Universidad en 1910; escuchamos la voz de sus próceres, y eleva el triunfo de su autonomía en 1929. Quien lea estas magníficas páginas liminares, preñadas de pasión universitaria, se encontrará en ellas.

Permítaseme concluir estas líneas con la enérgica voz de Fernando Curiel, el cronista, el historiador, el universitario, al concluir su prólogo:

 

          ¿Y qué ha sido nuestra Máxima Casa de Estudios sino trazadora de rumbos sociales al par reparadores e              innovadores, ejemplo sostenido de conocimiento en acción comprometida, protagonista y hacedora de la            conciencia nacional? Hora es ésta pues, la centenaria, de historiar a fondo –recuerdo, rescate– a la                        Universidad Nacional Autónoma de México. De recordarla y rescatarla, sí; pero asimismo de exponerla a la            contraluz de sus posibilidades y responsabilidades futuras. Labor colectiva. Como en los arduos                            comienzos.

 

En este septiembre patrio, permítame invitar a usted, amigo interesado en la Universidad y en el devenir de la cultura nacional, a releer esta obra imprescindible para la mejor comprensión de nuestra Patria.

 

Foto: Octavio Olvera

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