DON  QUIJOTE EN LA NUEVA ESPAÑA

Hace ya muchas letras

Ana Elena Díaz Alejo

DON  QUIJOTE EN LA NUEVA ESPAÑA

En sus memoriosas lecciones editadas en cuadernillos anuales como obsequio navideño, don José Rojas Garcidueñas, distinguido internacionalista, maestro en Letras y sin par estudioso del Quijote, comentaba sucesos siempre aplicables a muchísimas obras y autores cuya presencia se ha aposentado en el imaginario colectivo y, sin ubicación en el tiempo o en el espacio, viven entre nosotros y se enseñorean de nuestras voces, ideas y conceptos: Romeo y Julieta, Otelo, Don Juan y, sobre todos, el ilustre Caballero de la Mancha, el Señor de la Triste Figura, Don Quijote. Personaje y libro, unidad indivisible, pertenecen no sólo al mundo hispánico, sino a todo el orbe. Pero veamos cómo llegó a tierras de la primera México.

José Rojas Garcidueñas. Foto tomada de Academia Mexicana de la Lengua, http://academia.org.mx/academicos-1981/item/jose-rojas-garciduenas

Según documentos fehacientes –cuenta don José–, en la nao Espíritu Santo, perteneciente a la flota que zarpó de Sevilla el 12 de julio de 1605, venían cajones con 262 ejemplares de Don Quijote de la Mancha, para ser desembarcados en San Juan de Ulúa y consignados a Clemente Valdés en la Ciudad de México. Este dato permitió al insigne don Luis González Obregón afirmar que no fue Mateo Alemán –¿recuerda usted al pícaro Guzmán de Alfarache?– quien lo había traído a la Nueva España cuando visitó estas tierras y por acá decidió acompañarnos, como distinguido impresor, hasta su muerte en 1614.

El Archivo General de la Nación –demostraba don José– puede proveernos de magníficos datos quijotescos: en los últimos días de septiembre y primeros de octubre de ese 1605 –año mismo de la primera salida al mundo editorial de Don Quijote– “fueron llegando” a la Nueva Veracruz 25 naos según consta en las visitas de registro. En el acta correspondiente a La Encarnación, el 28 de septiembre, se lee: “para entretenerse venía (con otros libros) Don Quixote de la Mancha”. El 6 de octubre, la Nuestra Señora de los Dolores, confirma: “traían para leer Don Quixote de la Mancha”. Y lo mismo dijeron en la Nuestra Señora de los Remedios: “en cuya travesía se entretenían en leer Don Quixote”. Y así en otras y otras ¡flotas cervantinas! como las llamó don Luis González Obregón.

Cervantes y don Quijote de José Rojas Garcidueñas.

De estos documentos, hoy podemos desprender múltiples noticias:   una: corría un constante y abundoso ir y venir de flotas aprovechado por España, Gran Señora de los Mares, destinado, entre otros menesteres, a ejercer perenne vigilancia sobre sus posesiones; dos: había varios libreros y, por supuesto, lectores; tres: a sólo unos meses de su salida al mundo, el famoso libro ya navegaba hacia tierras “allende la mar salobre”, y era obra de divertimento entre recios hombres de mar hechos a los embates de la fatamorgana.

¡Mire nada más cuántas fidedignas perlas históricas nos entregan las simplísimas actas emitidas por la Casa de Contratación de Sevilla! ¿Mejores luces sobre los primeros momentos novohispanos? ¡Ningunas! Nuestra filiación quijotesca nació con el mestizaje y somos irredentos hijos de sus locuras sublimes.

Margarita Mendoza López. Imagen tomada de http://elsenordelhospital.blogspot.com/2015/09/recordando-margarita-mendoza-lopez-en.html

¡Gracias, amado maestro don José Rojas Garcidueñas! ¡Gracias! Gracias por el maravilloso salón semanal, presidido por la señora de la casa, doña Margarita Mendoza López –de ilustre abolengo teatral–, recinto de personalidades y de historias, de recuentos y de voces famosas, de comentarios y de “las útimas noticias del día” en los tiempos de don Carlos de Sigüenza y Góngora, cuando cada tarde, a la hora del angelus, entre el toque nebuloso de campanas, el venerable caballero encaminaba sus pasos hacia el convento de las jerónimas donde lo esperaba la Musa Décima siempe dispuesta a precisar sus proyectos para el futuro autónomo y brillante de la gran Ciudad de México. ¡Gracias, don José Rojas Garcidueñas; gracias, doña Margarita, por aquellas noches generosas e inolvidables!

Galeón de Manila. Imagen tomada de https://www.republica.com/universo-infinito/2017/02/02/la-nao-de-la-china/

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