DIGITALIZACIÓN Y UNIVERSIDAD

DIGITALIZACIÓN Y UNIVERSIDAD

Humberto Muñoz García[1]

La pandemia evidenció que la digitalización entró en un terreno universitario complicado, porque hay estudiantes que no tienen acceso a instrumentos y a internet

 

La digitalización llegó, es un hecho, y va a remover las estructuras y las relaciones sociales en todo el globo. La llamada revolución tecnológica tendrá un enorme impacto en las posibilidades de vida y en una estructuración del mundo en la que contarán las potencias y sus líderes, pero también un puñado de personas, una elite del poder compuesta por los dueños de las empresas llamadas GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple), y otras pocas que se están añadiendo, como Cisco y Cambridge Analitycal.

Se trata de un sistema de dominación enajenante que cuenta con instrumentos digitales y técnicas psicológicas, que influyen en la conducta humana. Construye una sociedad vinculada a la pantalla, en la cual las camadas más jóvenes están aprendiendo a usar aparatos digitales desde la infancia.

El teléfono móvil, con sus apps, se volvió parte de uno mismo y permite participar en las redes sociales, que se han convertido en un instrumento de comunicación entre el poder y la ciudadanía, entre emisores y receptores, que interaccionan por la vía de los medios y las redes. La sociedad de la información ha dado impulso a la digitalización y lo digital ha impulsado a la sociedad del conocimiento y la información. La digitalización corre libremente y, entonces, resulta fundamental que se comience a regular la acción de las nuevas fuerzas, enmarcándolas en el interés común.

Las llamadas “nuevas” tecnologías de la información y la comunicación también han llegado y han tomado asiento en las universidades. Además, la pandemia ha servido como señuelo para que la docencia universitaria salga del campus y para que los académicos sustituyan sus reuniones por webinars, mediante plataformas como Zoom.

La pandemia evidenció que la digitalización entró en un terreno universitario complicado, porque hay estudiantes que no tienen acceso a instrumentos y a internet.

También, hay profesores que tienen muchas dificultades de enseñar por vía remota, que sienten tensión de hacerlo y hasta mayor cansancio. Los académicos con muchos años de antigüedad tienen reparos para aprender a utilizar los medios tecnológicos y transmitir conocimiento a distancia.

Las TICS ciertamente representan una oportunidad para cambiar prácticas docentes, medios de producción del conocimiento, difusión de ideas y la gestión administrativa. Las universidades todas deben ir andando para ajustarse a los nuevos tiempos de transmisión y producción de conocimiento. Las universidades necesitarán adaptarse al cambio o arriesgarse a perder su prestigio y hasta su supervivencia dentro del sistema educativo. Advierten que los desconectados quedan al margen o excluidos del acontecer académico

En el país hay instituciones que tienen impedimentos para ampliar y actualizar su parque digital y darle acceso al conocimiento a toda la comunidad universitaria.

El sistema de universidades públicas en el país es un conjunto estratificado. Hay instituciones que van al frente de la vida académica nacional y otras que han quedado rezagadas, lo cual ha sido, en buena medida, provocado por los cambios en las relaciones con los gobiernos y el mantenimiento de una política financiera que perpetúa las desigualdades institucionales. Desde hace más de un lustro, el gasto en educación superior, y también en ciencia y tecnología, viene cayendo como proporción del PIB, y parece que en el régimen actual se mantendrá la tendencia.

El piso para las universidades públicas estatales no es parejo, a pesar de que todas hacen esfuerzos por avanzar académicamente. Pero no todas gozan de recursos para avanzar y ajustarse a la nueva dinámica social. El análisis de las relaciones entre algunos indicadores, por ejemplo, matrícula, financiamiento y personal académico en el SNI, indica que, por lo menos, existen tres niveles o estratos: hay universidades de primera y de tercera (Muñoz,2009).

Por lo pronto, tenemos más de una decena de universidades públicas estatales que están en crisis institucional, que dependen del financiamiento federal, que cubre la mayor parte del subsidio. A este hecho no se le ha dado la atención debida. Son universidades que tienen una demanda educativa en aumento, y que requieren más recursos humanos para la docencia. También, para la investigación, a juzgar por la cantidad absoluta y relativa de investigadores nacionales con los que cuentan.

La realidad pintada por la digitalización, la pandemia y la situación socioeconómica y política en el país, nos ha colocado en la necesidad de un cambio que va de la salida de la crisis a un orden mundial diferente al que ha habido hasta hace poco, orientado por lo digital, la información y el conocimiento. Habrá que engancharse al nuevo contexto internacional, lo cual será más factible si conseguimos una mejora sustancial de nuestras universidades, lo que no se tiene contemplado en la mira política del actual gobierno.

El gobierno tiene pocos recursos, ya se sabe, pero si no los gasta bien, pensando en el futuro de México, en una buena educación superior pública y autónoma, habrá más pobres e insatisfacción política por la transformación no lograda.

 

 

 

 

 

 

[1] UNAM. Programa Universitario de Estudios sobre la Educación Superior, IIS. recillas@unam.mx

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