TEATRO PANDÉMICO

TEATRO PANDÉMICO

Eulogia Crespo

 

Figuradamente -y no tan figuradamente-, la Res Pública, la República, ha sido conducida al matadero. Los más prestos, se llevan las mejores partes: los lomos, las piernas, la desollada piel. Los menos, las pezuñas, si acaso el rabo.

 

 

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Y, entre los más prestos, los PARTIDOS. Disfrazada de INTERES PÚBLICO, su voracidad. Destace un tanto abigeo, en vista de su ingente descomposición, con todo y que el INE les extiende, munífico, el correspondiente certificado carnicero.

 

 

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En orden cronológico estricto, deberíamos empezar por el PCM fundado en 1919 y, aunque legalizado por la LOPPE en 1978, a poco desaparecido como tal, aunque sus escasos integrantes, cabeza sin proletariado, van a dar a otros partidos. El PSUM, por ejemplo.

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Sigue el PRI, nacido PNR en 1929, y reconvertido en PRM, antes de sus actuales siglas. Villano favorito de quienes guardan, no obstante, su código genético; llámense Corriente Democrática, PRD o MORENA (por sólo citar a los principales).

 

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De 1939 es el PAN, el único de los históricos que, pese a conserva el nombre original, acabará por disolverse en diversas bandas, sobresaliendo la empresarial sin rebozo ideológico del neopanismo, la prianpanista y la perredepanista.

 

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Justamente, toca su turno, al PRD y a MORENA, nacido este último de las escisiones del primero. De los llamados de pantalón corto, pero no menos voraces que los de pantalón, largo, ni caso tiene ocuparse. Cual chapulines, saltan de alianza en alianza o rectifican, pero sin abandonar hachas y filosos fierros de descuartizar.

 

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Los llamativos son los PERTIDOS de última hora, nacidos de las trifulcas entre el INE y el TRIFE. Pero rigurosamente afiliados al partido en el poder. Si usted recuerda sus nombres, barrocas siglas, lo felicito.

 

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El caso es que, en su conjunto, forman la CLASE POLÍTICA, la verdadera dueña del “sistema” (como los “micros” y las combis concesionados, son los dueños de las calles). La mera-mera matarife, señora de horca y cuchillo (aunque suene, la última mención, redundante) del Rastro Público.

 

 

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