TEATRO PANDÉMICO

TEATRO PANDÉMICO

Eulogia Crespo

Menudo lío está resultando para México, la complicadísima, tortuosa, sucesión presidencial del vecino Imperio. Y en la que el demócrata Biden, aparece ya virtual vencedor, mientras el entripado de Trump, en la lona, cuenta con más de 70 días para estallar dentro de una Casa Blanca de la que a lo mejor tendrá que ser desalojado. Y ya admitió su cónyuge que le repatea perder.

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La división se dilata fuera de las fronteras norteamericanas. Mientras los mandatarios de Alemania, Francia, el Reino Unido, Canadá, e incluso el cavernícola de Venezuela, han extendido felicitaciones a Biden, los de Rusia, Turquía y México no dan su brazo a torcer. Y resulta que el Papa Francisco ya se sumó a los que han felicitado a Biden. Después lo hará el gobierno chino.

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No sorprende, no debería sorprender, el caso que en realidad nos importa. Sin llegar al extremo de la torpe obsequiosidad de Peña Nieto, que nos trajo a Trump en plena campaña -la anterior-, dándole trato de Jefe de Estado, a un todavía candidato, salta a la vista la simpatía de AMLO por Trump. En su elemental visión de la historia, comparable a Washington y a Lincoln.

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Baste traer a cuento, el despliegue de la Guardia Nacional en la frontera sur del territorio nacional, acorde con la política anti migrante de que se ufana Trump. O el que aceptara visitarlo, en plena campaña, lo que tendría la consecuencia de favorecer al seguro candidato republicano; tanto, que el inopinado encuentro, se incluirá en la propaganda del irremediable racista.

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Lo que sí sorprende es la desaseada argumentación de la abstención. Lo que se reduciría a la necesidad de esperar a la declaración oficial del resultado, y ya, punto final, se enreda, primero en la aclaración de que el Presidente de aquí no es autoridad electoral de allá (¡por supuesto que no!), y, segundo, trayendo a colación lo de que a él le robaron la elección.

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Examinemos. Si lo de no ser autoridad comicial, peca de claro fuera de lugar, de tono, el tema del robo electoral, siembra el equívoco. ¿Se insinúa que, de conformidad con la vocinglera afirmación de Trump, ayuna de pruebas, al, lo más seguro, presidente saliente, le hicieron asimismo fraude, a él también le robaron la elección? ¿O más bien se trata de agarrar viaje, refocilarse en la victimización en beneficio propio? Zona umbría.

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Sea como fuere, que AMLO hubiera preferido la victoria de Trump, que lo que se está imponiendo en el fondo (aunque la forma deje mucho que desear) es la prudencia, que Ebrard no es Videgaray, o lo que usted guste y mande, lo incuestionable es que por lo que toca a las relaciones binacionales, el horno no estará para bollos. Y a la embajadora Bárcena, la ponen en aprietos.

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Porque ya se hizo noticia que el equipo de Baden sugirió una llamada telefónica desde Palacio Nacional. Respuesta: portazo, en vez de sutil y discreta cortesía diplomática. A lo que se agrega la encendida, intervencionista, censura de AMLO a la censura de los medios gringos que le puso un bozal, al mentiroso profesional Trump.

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Y mientras Trudeau, da el paso adelante con Biden, en el tema de las relaciones entre ambos países, aquí parece que la Virgen llama. Ojalá que la larga espera no dé pie a desatinos, con adversas consecuencias no contra quien, ocurrente, los profiera, sino en perjuicio de México.

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