El Erotismo en tiempos del Covid

El Erotismo en tiempos del Covid

Rebeca Zaga

 

El mundo nos arrasa, las noticias nos abruman… la rutina perdida nos lanza a un estado de nostalgia infinita, el anhelo de la vida perdida nos hunde en la vacuidad y el contacto físico con el otro ya es un lujo del pasado.

¿Erotismo? Quien curiosa y pragmáticamente me lee pensará que no hay tiempo de tal reflexión, pero, justamente lo invito a que recupere este gozo gratuito del ser.

El otro se nos antoja lejano incluso cuando lo tenemos cerca, lo miramos y lo nombramos, pero… ¿será suficiente?

“En lugar de una hermenéutica, necesitamos una erótica del arte” es la cita final del libro de Susan Sontag Contra la interpretación. ¿Seremos todos hermenéutas del otro? ¿Acaso queremos descifrarlo, ingerirlo y digerirlo para integrarlo a nosotros? La posible salida es la erótica, el entre líneas del otro, su silencio, su ausencia. No nos toca ser detectives y recoger las pistas que el otro nos deja sino poder mirar al otro y poderlo ingerir y disfrutarlo a distancia.

El acto de amor es el más solitario qué hay. El erotismo es la inmersión profunda del yo proyectado en el tú en el más desinteresado deseo.

Mientras absorbemos al otro nos ahogamos en nosotros mismos y aplanamos al mundo. Lo ajustamos a nuestra propia medida, el acto erótico despoja a Narciso de su reflejo, lo salva del ahogo inminente y lo vuelve entrega.

Salvemos al mundo de la mismidad, del yo en fotocopia y démosle paso a la erótica del ser.

Por eso y justamente por eso la erótica es en estos momentos la única salida del laberinto.

 

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