Política Científica

Política Científica

Humberto Muñoz García[1]

 

En la comunidad académica hay una molestia cada vez más fuerte por las medidas que se han tomado por el organismo encargado de dirigir los esfuerzos científicos del país. La política científica, desde el CONACYT, se hace al margen de los planes de desarrollo de la investigación de las instituciones de educación superior del país, donde trabajan los científicos. La centralización y el mal tino perjudican a la educación y a la ciencia, al avance tenido en medio siglo, que no ha sido mucho, cuando nos comparamos con otros países donde la producción de conocimiento ha sido crucial para apoyar el desarrollo nacional, para fortalecer la cultura científica y el bienestar de gran parte de la población.

Hoy, cuando más necesitamos que la ciencia sea una prioridad sobresaliente del gobierno de la 4T, ocurre que los administradores del CONACYT han roto relaciones con el Foro  Consultivo Científico y Tecnológico, han cancelado programas a su arbitrio, han desaparecido fideicomisos, con los que se apoyaban proyectos, han eliminado los pagos a los investigadores nacionales ocupados en las universidades privadas y han cancelado la gestoría del seguro de gastos médicos de los investigadores, que han sido lanzados al mercado para que cada uno negocie su seguro, en condiciones de desventaja, particularmente los que  tienen más de 30 años en el SNI y más de 70 años de edad. El gobierno federal, por su parte, ha continuado reduciendo el presupuesto para la actividad científica.

La política científica y educativa está significando desmantelar lo público, lo que es inaceptable, porque tiene que ver con la salud, la educación y el bienestar de los mexicanos. Que, además, se aplica en tiempos de una horripilante pandemia que, junto con la violencia, ha cobrado ya la vida de miles de personas. Quiere decir, estamos en un momento de vulnerabilidad en el que la ciencia y la investigación pudieran estar volcadas al apoyo de la reconstrucción de un Estado que dejaron casi deshecho, difícil de recuperar con las medidas que se han venido tomando, que dificultan a la investigación cumplir con eficacia sus propósitos en beneficio de la sociedad.

La ciencia es fundamental por el valor que agrega el conocimiento, en la economía y en la cultura. La ciencia que se practica en las instituciones de educación superior resulta indispensable porque abre la posibilidad de que exista el pensamiento crítico. Tal vez, por esto último, hay intereses volcados a reducir los apoyos que brinda el gobierno. Y lo hacen en un momento en que la comunicación de la ciencia con la sociedad es esencial para que se logre entender que nos está pasando con la pandemia y cómo salir mejor librados de ella. No se puede gobernar sin conocimiento, y las instancias encargadas de promoverlo están actuando en sentido contrario, lo que asombra a la inteligencia nacional que esperaba algo diferente de este gobierno. La afrenta nos va a permitir a los académicos y a los estudiantes generar lazos de solidaridad para oponernos a quienes, en lugar de apoyarnos, nos hacen malamente a un lado.

Hemos señalado en varios foros que es imperativo que la comunidad científica participe directamente en la definición de las políticas que le atañen, que la tarea de formularlas no debe ser exclusiva de un grupo alejado de ella, que los representantes legales y legítimos de la comunidad requieren intervenir en las definiciones presupuestales de los recursos, y cómo se distribuyen, y que en las tareas de la política científica se involucre a académicos de las ciencias naturales y exactas con académicos de las humanidades y las ciencias sociales.

En México, y en otros países, se discute con amplitud las relaciones cambiantes entre la innovación, la ciencia y la tecnología, así como su impacto sobre el desarrollo de las naciones. Hoy, es extraordinariamente relevante el examen de esta trilogía para que la política científica pueda conducirse con potencialidades que favorezcan al país, para que se inserte en la era de la digitalización, que se instaurará ampliamente después de la pandemia. Se trata de que nadie se quede atrás, que no haya desperdicio humano, personas excluidas del desarrollo. De ahí que sea muy importante la lectura del libro Vaivenes entre Innovación y Ciencia, que examina la política de ciencia y tecnología en el pasado reciente. Un libro coordinado por Rafael Loyola Díaz y Judith Zubieta García, del Instituto de Investigaciones Sociales, que se ha elaborado como parte de las actividades del Programa Universitario de Estudios sobre la Educación Superior (PUEES) de la UNAM.

Es un libro que ha sido organizado para tomar voz y participar en el debate razonado que se lleva a cabo en México sobre el papel que desempeñan la ciencia y la innovación en el desarrollo económico y el fortalecimiento de la sociedad mexicana. Para los interesados en la política de la ciencia y sus alcances , resulta un libro de lectura obligada.

 

[1] UNAM. Programa Universitario de Estudios sobre la Educación Superior, IIS. recillas@unam.mx

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