CYRANO EN MÉXICO

Hace ya muchas letras

 

ANA ELENA DÍAZ ALEJO

CYRANO EN MÉXICO

1° de enero de 1900

En una interesante plática sobre el teatro al final del siglo XIX mexicano, se comentaba la excelente recepción a las compañías extranjeras y de la especial devoción por ciertos autores y obras, entre ellas el Cyrano de Bergerac. En su honor, uno de los participantes recitó de memoria algunos diálogos del Cyrano. Debo confesarlo: yo también soy devota de este extraordinario personaje. Todos lo conocemos: quizá lo leímos en la escuela secundaria, o lo escuchamos en el teatro o en el cine. Es un drama en cuatro actos ubicado en la Francia de 1640, ¿la recuerda?, es la misma Francia de Los tres mosqueteros (1844), de Alejandro Dumas, padre. Cyrano es un gascón valiente y noble, tristemente poseedor de larga nariz. Una tarde cruza su acero victorioso con un vizconde ofensor y ridículo. Al tanto del lance, su prima Roxane le pide verlo de inmediato. Enamorado secreto de la dama, se llena de esperanza, pero ella sólo requiere de su apoyo para su amado, el guapísimo Christian. Obediente, Cyrano será su amigo, su protector. Bajo la ventana de Roxane, Cyrano le dicta a Christian seductoras palabras, y el matrimonio une a los amantes. El conde Guiche, malévolo amigo de Roxane, envía lejos al recién casado. Todos los días, Cyrano escribe a su prima apasionadas letras a nombre del marido ausente. Christian es mortalmente herido por el acero traidor del mismo conde. Roxane oculta su pena en un convento. Cyrano la visita cada día. Pasa el tiempo. Una noche él es agredido: en su agonía confiesa su verdad a Roxane, y ella descubre que en el hermoso rostro de Christian había amado siempre la bella alma de Cyrano.

Edmond de Rostand (1868-1918) presenta, con insuperable éxito mundial, su drama heroico Cyrano de Bergerac en diciembre de 1897. Su portentosa imaginación y su maravilloso virtuosismo verbal inundan la obra de un profundo y glorioso espíritu bélico. La elegante conjunción de patriotismo, delicadezas amatorias, sonoridad de los versos, nobleza de los personajes e ingenio de su trama lo convierten en predilecto del gran público fin de siècle.

Rostand era un poeta nada exitoso ante el público finisecular, pero su  espíritu sensible había respirado a profundidad la atmósfera delicuescente del último tercio del siglo XIX y logra llevarla hasta el XX en épica estela romántica de fulgurante elocuencia. Viajó por el mundo y, naturalmente, llegó a la Ciudad de México. En Francia la representó la eximia Sarah Bernhardt. En nuestra Patria, la Compañía española de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza —en México desde el 24 de diciembre de 1899— la puso en escena, por primera vez, en el Gran Teatro Nacional, el 1° de enero de 1900, así que ¡estamos de aniversario!

Como usted puede ver, hemos compartido las hazañas heroicas y amatorias de Cyrano desde hace 122 años. Su registro pertenece al repertorio clásico de las compañías nacionales.

Lo invito a volver a leer esta obra y disfrutar con la sangre a flor de piel la sonoridad magnífica de la poesía de Edmond de Rostand? ¿Qué me dice?, ¿se anima? ¡Feliz 2021!

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