Giacomo Casanova 1725–1798

Giacomo Casanova 1725–1798

Elena Escalante Ruiz

 

Hace muchos años, motivada por la curiosidad, leí la recopilación que Leonard Louis Levinson hizo de las Memorias de Casanova, con el título: Autobiografía amorosa de Casanova. El libro, que tomé prestado de la biblioteca familiar, fue comprado en Sanborns y hasta el día de hoy conserva el precio: 23.00 pesos. Publicado por Editorial Diana, tuvo seis ediciones de 1960 a 1966; por lo tanto, se podría decir que entonces fue todo un éxito editorial, al igual que en 1820, cuando las Memorias se publicaron por primera vez: escritas en un francés fuertemente contaminado de italiano (Levinson 7), fueron traducidas al alemán y editadas por la casa F. A. Brockhaus, de Leipzig, causando furor desde el primer momento.

Se dice que Casanova era un hombre alto, de perfil aguileño, fuerte y tez bronceada. En el siglo XVIII, Venecia, su ciudad natal, estaba en decadencia: las costosas guerras contra los otomanos y las nuevas rutas comerciales hacia las Indias, debilitaron a tal grado las arcas de la Serenísima República, que nunca más logró sobreponerse. El arte barroco estaba en la cúspide y Venecia aportó algunos de sus más prominentes representantes, todos ellos contemporáneos de Casanova, como Vivaldi, conocido en Venecia como Il Prete Roso (el cura rojo, por su color de pelo) y cuya música era tan popular entonces, como hoy en día; Tiépolo: su obra titulada “El Minué” (1756), es un claro ejemplo costumbrista de la época; Canaletto, el maestro de la perspectiva; o el famoso dramaturgo Carlo Goldoni, uno de los ejes del altercado contra el dramaturgo Pietro Chiari, que Casanova describe al comienzo del doceavo capítulo titulado, “La Condesa de Bonafede”:

Había por entonces entre dos compañías de teatro de Venecia una enconada controversia, que produjo la división de la ciudad en dos bandos, cada uno de cuyos miembros acudía a las representaciones para silbar las obras de los dramaturgos rivales. Yo estaba de parte de M. Marco Antonio Zorzi, tanto más cuanto que su esposa me distinguía con sus amabilidades. (152)

Giacomo Casanova vivió en un momento en que gran parte de Europa, a pesar de los progresos científicos, estaba dominada por la Iglesia católica, y ésta, a su vez, llevaba 200 años controlada por la Inquisición. En 1755, Casanova fue detenido y culpado por hacer magia y encantamientos, pues era un ávido lector de libros de conjuros, alquimia y Cábala. Pero en realidad la detención de Casanova fue una venganza: en el lado contrario de la controversia arriba mencionada, estaba Antonio Condulmier: “el cual daba las comedias de Chiari en el Teatro de San Ángel. Por lo visto yo había ocupado su lugar en las atenciones de Mme. Zorzi. Mis contratiempos  empezaron cuando Condulmier fue nombrado Inquisidor del Estado.” (152)

Casanova pasó más de un año encarcelado en los Plomos (Piombi)[1] y uno de los momentos más conocidos de sus memorias es su fuga: los numerosos detalles que Casanova cuenta en sus memorias, están cargados de sentido del humor. Quizá esta sea la razón por la cual la historia resultó tan inverosímil, que se tuvo que comprobar en las arcas de los Plomos. Además, se dice que Casanova dejó inscrito los detalles de su hazaña en los gruesos muros de su celda[2].

Hoy en día, el nombre de Casanova es sinónimo de mujeriego o, para ser más actuales, de womaniser, y resulta poco probable que con la susceptibilidad del Me too, las aventuras amorosas de Casanova sean bien recibidas: esto, por supuesto, es una verdadera lástima, ya que su mayor pasión no se limitaba al arte de la seducción, sino en dar a las mujeres el mayor placer que sus conocimientos en la materia pudieran brindar.

En el prefacio de sus memorias, Casanova escribe: “Bienaventurados los que logran gozar del placer sin perjuicio de nadie.

 

[1] Fueron las antiguas prisiones (Prigioni Vecchie) de Venecia, ubicadas en el complejo del    Palacio Ducal.

[2] Otra víctima de la Inquisición fue Giordano Bruno, pero no tuvo la misma suerte que Casanova: en 1593 fue culpado de herejía y permaneció en los Plomos hasta 1600, cuando fue ejecutado en Roma.

 

2 pensamientos

  1. Que cierta maravilla el dador de placer más que el seductor, ya que el seductor casi siempre se pierde en la mentira. Pero el que tiene el don de dar placer, suele permanecer en la memoria para siempre.

    Lalo Sánchez Del Valle

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