TEATRO PANDÉMICO

TEATRO PANDÉMICO

Eulogia Crespo

Caso de machismo bárbaro, que lo hay también sutil, manipulador, incluso perverso. Un alcaldete, uno más de los que tanto abundan en nuestra sufrida República Mexicana, enfrenta resuelto, diestro gobernante, un problema al interior de su propio equipo. Una de las empleadas, denuncia el acoso sexual por parte del director (ni más ni menos) de Padrón y Licencias Municipales. Licencioso el mal nacido…

 

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Político de acción pronta, al que no le tiembla la mano, los reúne para zanjar el punto. Pero la riega. Guiado por la súbita erección antes que, por el cerebro, la acosa a su vez con insinuantes y puercos comentarios sobre el vestido, la belleza, lo bien que se la pasaría el marido de la quejosa. ¡Ah!, y la invita, ni que la hubieran violado, a perdonar a su acosador. Ni que fuera para tanto.

 

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Pero lo fue. La grabación de tan bochornosa reunión, se filtra a la prensa. El alcalde, espejo de la andante política de lugar chico, queda del asco. Para colmo, aparece que, antes, el Órgano de Control del propio municipio, que conoció del asunto, resolvió hacerlo archivo muerto. No obstante que el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, encontró a la quejosa, víctima de trastornos emocionales y psicológicos.

 

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Está por averiguarse, si en la resolución del Órgano de Control, o sea me hago como que me llaman a misa, no metió la mano el alcalde, de pronto lanzado a la fiereza de la opinión pública. Ya se sabe que en las administraciones municipales no se mueve una hoja sin el plumazo del mero mero (bueno, bueno, en la federal de ahora mismo, tampoco).

 

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La indignación, y no sólo en los círculos feministas, corre como la pólvora. Se exige la renuncia, la inhabilitación, la exposición pública, inmediatas, de ambos acosadores.

 

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Pero la justificación del hasta ahora cabeza municipal, cabeza que perdiera ante una “faldita”, merece inscribirse en mármol. Resulta que el pobre, carecía de vocabulario y técnicas en asuntos de conciliación: lo único que hizo fue agudizar el problema.

 

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No faltará quién salte y le aclare que, en casos de acoso y hostigamiento sexuales, no tiene cabida,  la conciliación. Aquí impulsada, qué duda cabe, por la instintiva solidaridad masculina. Mezcla de complicidad y estupidez.

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