Necesito un anti ácido

Necesito un anti ácido

Rebeca Zaga

 

Empezar a escribir es como pensar un menú… escoger el tema es el dolor de cabeza, pero una vez que sabes de que va a tratar la cosa tus letras, ya están al fuego.

¿Escribiré sobre mí? ¿Escribiré sobre el ya agotado 2020? ¿Qué ingredientes debo utilizar? Este licuado semiamargo no pinta llenador ni mucho menos sabroso. Pero dice el doctor que es para nuestro bien, así que toma aire que ahí va tu primer sorbo.

Escribo con pasión, desde que tengo memoria guardo en pequeñas libretas pensamientos o frases que iba recogiendo de la vida, de libros, de la calle… tengo lápices y plumas regadas por todos lados y tengo la culposa manía de subrayar libros. Así aprehendo el mundo, así lo hago mío y así me lo como…

El 2020 fue con el agónico pasar de sus días la oportunidad perfecta para el vomito cerebral, que parece, había estado cocinando desde niña. Día a día escribía párrafos liberadores con lágrimas que entraban por la ranura de mi boca y subrayaba libros que pudieran darle sentido a mis días… ya tenía la receta. Leí La Peste de Camus (qué oportuno ¿verdad?).

También releí Aqua viva de Clarice Lispector en un momento mágico de exploración que me lanzó por Cumbres borrascosas acabando con el Fausto. (El romanticismo alemán me dejó sin ganas de cocinar por varias semanas), pero mi hambre repentina me llevó a Nubosidad variable de Carmen Martín Gaite y me lo devoré… seguí con Alicia en el país de las maravillas y me fui volando con Chejov.

Pero no se trata de presumir mis lecturas si no de puntualizar la importancia de comer para el alma. De probar los condimentos de varios autores y disfrutar sádicamente mis malestares estomacales.

Este intento de degustación literaria solo pretende animarte a saborear cada bocado por más amargo que sepa y a invitarte a llenarte la boca de enormes masticadas de letras gordas que ni una caja de antiácido te liberen de sentirte lleno.

Por que si, apuesto que lloraste con el alma y te quebraste como nunca mientras se te enfriaba tu café, y te apuesto también que te reíste hasta que te dolió la panza y seguro abrazaste en secreto a alguien llegando a rematar comiéndote todo lo que te encontraste en tu despensa.

El postre ¿verdad? Casi lo olvido. Los hermosos libros y las personas que nos rodean son lo que decidimos mezclar en nuestro molde. Sabe dulce, ese es nuestro premio. El placer culposo que alegra el corazón.

Provecho. Ya estás haciendo digestión.

Venga 2021.

Voy al mundo por más ingredientes.

Con permiso.

 

 

 

 

Deja un comentario