20 de Febrero, Día Internacional del Gato

Hace ya muchas letras

ANA ELENA DÍAZ ALEJO

 

20 de Febrero

Día Internacional del Gato

 

Festejemos a ese hermoso felino pleno de virtudes admirables no del dominio común: independencia, dignidad, elegancia. Dotados de gran percepción para el conocimiento de sus huéspedes, saben muy pronto qué esperamos de ellos y de qué no gustamos. Así, nuestro gato puede ser frío modelo de indiferencia o insoportable ser demandante. Pero si usted le demuestra su amor, él sabrá corresponderle: brincará a sus piernas y dormirá en ellas confiadamente. ¿Le parece poco?

 

                                                                 Y no hay gatos pastores

                                                                 ni falderos

                                                                 no hay gatos lazarillos

                                                                y tampoco

                                                                no hacen nada durante el día

                                                               (durante la noche y durante nada).

 

dice Juan Jesús Aguilar, poeta inolvidable (La gata sobre el tejado caliente (Ciudad Victoria, 2000, ilustrado por Laura Casamitjana) en su homenaje felino a los felinos.

En efecto, los gatos no pertenecen, de manera unánime, a las razas bienamadas per se: no prestan servicios de ninguna índole ni cumplen funciones domésticas. Sé de quienes se intranquilizan ante su presencia un tanto hierática y sugerente de no muy buenas intenciones. Ellos manifiestan su regocijo de una manera refinada: mundanos ronroneos y sensuales demostraciones de cierto júbilo, si bien no demasiado escandalosas: detestan la vulgaridad: han sido modelos de célebres artistas de todos los tiempos y nunca han aparecido en actos vulgares como cazar zorros o recoger aves asesinadas por fusiles despiadados. Desde luego, nunca ofrecen la certeza de seguridad o de ternura, dones excesivos y notorios en algunos cánidos. No, nada de eso. Ellos son eminentemente dignos. ¡No toleran las ofensas!

Pintura de Laura Casamitjana

 

Y dígame, ¿le interesaría una compañía felina en casa? Veamos sus motivos: ¿requiere ser avisado de toda presencia sospechosa en su entorno doméstico?, ¿le urge un defensor ante la amenazante delincuencia?, ¿el aislamiento lo abruma?, ¿gusta de llegar a su hogar y ser recibido animosamente por alguien, quien sea?, ¿apetece mirar la televisión con otro alguien?, ¿camina al aire libre y teme las acechanzas en los lugares umbríos? ¡Amigo, un gato no le solucionará estas flaquezas!…. ¡Usted padece pavura y soledad! No se preocupe: todo tiene remedio. Le sugiero el siguiente menú: adquirir de inmediato una arma larga: las rusas siempre están de moda y poseen reconocida reputación de eficaces: desde  que Kalashnikov entregó su modelito al ejército rojo en 1947, integran el catálogo del mercado de armas y nadie ha podido sacarlas de allí: su sola  presencia –montada en una panoplia–, dará al traste con cualquier mal pensamiento. Pero, en fin, hay otras opciones: puede contratar a un policía blindado hasta los dientes las veinticuatro horas de jornada: le sugiero revise su arma, hay quienes las portan de utilería; inscribirse en el monitoreo de una empresa de seguridad doméstica siempre y cuando el personal esté bien armado; sobornar a su mayordomo y exigirle una cotidiana recepción con sonrisa de oreja a oreja e interés sobre cómo estuvo su día, etc.; amenazar a un amigo indemne y carente de bienes de todo tipo para que mire con usted sus filmes preferidos, y, por supuesto, solicitar un entrenador personal al aire libre. Pero, se lo ruego, ¡no lleve un gato a su casa! ¿por qué?, ¿cómo que por qué?, ¡le va a arruinar la vida a esa hermosa criatura! ¡Usted necesita apoyo de tipo canino, no felino! Recuérdelo siempre: los perros están para servir. Los gatos están sólo para acompañarlo y que usted les sirva. Por favor, no intente cambiar las leyes universales.

Pintura de Svetlana Petrova

Ahora bien… si la melancolía le hace los mandados, si no conoce el miedo ni por asomo, si gusta de contemplar a los seres bellos, si admira la arrogancia natural y distinguida, si desea hacer feliz a un ser inigualable, ¡sí!, ¡sí!, ¡usted merece un gato en su vida! Él obsequiará con creces sus carencias espirituales. A cambio, le permitirá deleitarse al verlo dormir ocho horas diarias en su sillón preferido!, ¡acicalarse en su recámara!, ¿distenderse con placidez envidiable sobre los papeles de su mesa de trabajo!, ¡degustar con exquisitez suprema sus alimentos antes de que usted pretenda tomar los suyos! Y, por supuesto, ¡jugar el resto de su tiempo con gracia insuperable! Sí, mi amigo, ¡lo espera la felicidad!

Y si ya disfruta de la compañía de un minino, le ruego le haga presentes mis devotos parabienes! ¡Feliz Día Internacional del Gato!

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