¡OH, SANTA BANDERA!

Hace ya Muchas Letras

Ana Elena Díaz Alejo

 

¡OH, SANTA BANDERA!

RAFAEL LÓPEZ

 

Hace ciento nueve años vio la luz Con los ojos abiertos, único libro de poesía del guanajuatense Rafael López (1873-1941). No fue afortunado en fama ni en honores públicos por su estro. En 1957 la Universidad de Guanajuato encargó a don Alfonso Reyes la presentación de su Obra poética (Conaculta. Lecturas Mexicanas. Tercera Serie, 4). Con “emoción perturbada a cada página”, don Alfonso viaja hacia sus “no cumplidos veinte años” preparatorianos: los últimos momentos del Modernismo y de “la pléyade que representó la transición entre los viejos y los jóvenes poetas”, evoca recuerdos imborrables, y nos habla de la “viva y perdurable” poesía de Rafael López:

 

¡Qué alegría artística, por dondequiera que pellizque las páginas! ¡Qué garbo en las frases! ¡Qué vigor                              monumental! ¡Qué sentido de la unidad poemática! ¡Qué alma en constante vibración de esperanza! ¡Qué                        mexicanidad espontánea y no traída por los cabellos, tan por encima de los pobres recursos del                                        costumbrismo y tan bien turbada en las preocupaciones universales!

 

Los primeros triunfos literarios del poeta los debe a la ilustre Revista Moderna gloria de las letras modernistas de Hispanoamérica, y hacia 1930 ya era considerado “como uno de los más importantes poetas nuevos de México”. Con los ojos abiertos (1912) fue objeto de sucesivas ediciones, todas revisadas, todas cuidadas meticulosamente, todas enriquecidas por el propio autor. Es inevitable pensar en López Velarde cuando se lee a Rafael López: abrevaron en las mismas fuentes del tiempo; figuras y episodios históricos son elevados a “ideales de libertad y de rebeldía”, según afirma Ernesto Prado Velázquez en su Diccionario de escritores mexicanos (UNAM, 1967), quien también nos informa que, en 1920, el poeta fue nombrado director del Archivo General de la Nación, puesto conservado hasta su muerte, y en 1935 fue el primer director del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Como casi todos los poetas de su momento, su obra mayor radica en el periodismo. A él pertenece su columna “Prosas transeuntes”, cuya primera recopilación (Aztlán, 1925) ofrece un primer tomo que no tuvo continuidad, pero sí una 2ª. ed. (INBA, 1966). Sus textos están a la espera de una edición crítica.

¿Y por qué conmemorar ahora a Rafael López? En el 24 de Febrero, calendarizado como Día de la Bandera, es inevitable recordarlo. Rafael López escribió el “Canto a la Bandera” (1909), y el maestro Julián Carrillo lo dotó de la hermosa música que usted y yo cantamos de niños cada lunes en nuestra escuela primaria. ¿Lo recuerda?

¡Oh santa bandera! de heroicos carmines,
suben a la gloria de tus tafetanes
la sangre abnegada de los paladines,
el verde pomposo de nuestros jardines,
las nieves sin mancha de nuestros volcanes.

En plácidas brisas, tu símbolo hoy muestra
progreso, trabajo, civilización
y al ver que la patria te encumbra en su diestra
con el alma toda, como a madre nuestra,
nosotros te alzamos sobre el corazón.

Si tornan las luchas de ayer a tu planta,
sobre nuestros ojos de sombra cubiertos,
tus almos colores entonces levanta,
como buena madre, fiel bandera santa,
envuelve la frente de tus hijos muertos.

¡Oh santa bandera! de heroicos carmines,
[…]

 

En mi escuela, el Instituto Cervantes, de españoles rojos, honrábamos al poeta guanajuatense. Su fotografía tenía lugar honorífico en el despacho del director, don Rodrigo Giral, distinguido pedagogo y gran lector de poesía: en días especiales escuchábamos su voz elegantemente modulada, sensible, impecable. En esa voz escuché, leído, el “Canto a la Bandera”, de Rafael López, acto solemne que elevaba nuestro respeto a la Patria y a sus símbolos.

Volví a saber de Rafael López en la Escuela Nacional de Maestros: allí había dictado, durante los años 30, la cátedra de Literatura Española. En aquella venerable institución, su nombre, su retrato, su poesía, significaban amor a México. Y las futuras profesoras volvíamos a entonar el inolvidable “Canto a la Bandera”.

Rafael López murió en la Ciudad de México el 16 de julio de 1943. Enrique González Martínez pronunció la oración fúnebre. ¡Los dioses iluminen su senda!

 

 

Deja un comentario