Sándor Márai 1900-1989

Sándor Márai 1900-1989

Elena Escalante Ruiz

Hacia comienzos del milenio, las librerías mexicanas ofrecieron por primera vez las obras del escritor húngaro, Sándor Márai. Como muchos otros lectores, yo jamás había escuchado su nombre: todavía recuerdo con fascinación la primera de sus obras que leí, su novela El último encuentro. Después siguieron varias más y durante semanas estuve acompañada por su fantasma (en la contraportada de la novela publicada por Ediciones Salamandra, en 1999, podemos leer que Márai se quitó la vida en 1987, en San Diego, California).

¿Quién fue Sándor Márai y por qué decidió morir tan lejos de su patria? me preguntaba, pues tengo la manía de querer saber todo acerca de los escritores que admiro: es un intento, algunas veces infructuoso, por comprender de qué manera la vida del autor se relaciona con su obra. En el caso de Márai encontramos un excelente ejemplo de autoficción a manera de mixtura, “que sintetiza lo autobiográfico y lo novelesco”[1], en la extensa novela Confesiones de un burgués (1934), en la que relata una importante parte de su vida, y en la que Márai escribe:

Esta tercera edición corregida de Confesiones de un burgués constituye la versión definitiva. Los personajes de esta biografía novelada son figuras inventadas que solamente tienen vigencia y entidad en las páginas de este libro. Ni viven ni han vivido nunca en realidad.

Dicha afirmación nos obliga a distinguir la ficción de la realidad. Sin embargo, Márai mezcla lo autobiográfico, es decir, los hechos factuales, con lo novelesco y, por lo tanto, ambas propuestas podrían ser factibles. Esta ambigüedad permite a pensar el texto como autoficción, género propuesto por el crítico literario y novelista francés, Serge Doubrovsky en 1977, cuando publicó su novela Fils: en la contraportada definió la obra como, “ficción de acontecimientos y hechos estrictamente reales”.

La autoficción es un puente entre el pacto autobiográfico y el pacto novelesco, pues incorpora elementos de ambos géneros. En Confesiones de un burgués, Sándor Márai es el sujeto y objeto de su relato. Nos presenta una historia verdadera a través de un discurso ficticio: nos propone un pacto de lectura que imita los principios de la autobiografía, pero al mismo tiempo los subvierte al adoptar el lenguaje y los recursos propios de la novela. De tal forma ambos géneros son transgredidos: “En razón de esto, la autoficción exige una lectura particular, un ir y venir entre ambos polos, que insta al lector a moverse entre ambos” [2]. (“Umbral o la ambigüedad”… 12).

El acierto conceptual de Doubrovsky, propone un nuevo pacto de lectura. Pero, sobre todo, abre una puerta a todos aquellos que intentan evadir la veracidad que exige el pacto autobiográfico, como lo hizo Sándor Márai.

 

 

 

 

[1] Alberca, Manuel. “¿Existe la autoficción hispanoamericana?”, en Cuadernos del CILHA, vol. 7, núms. 7-8, 2005, pp. 115-127, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argentina

[2] Alberca Manuel. Umbral o la ambiguedad autobiográfica. Clac Círculo de lingüística aplicada a la comunicación, págs: 3-24 50/2012 Universidad de Málaga.

 

Un pensamiento

  1. Elena Escalante Ruiz tiene un estilo muy peculiar y personal para sus escritos con un muy alto calibre sin precedentes. Gracias. Rudy Creel

Deja un comentario