Primavera de filigrana

Hace ya muchas letras

ANA ELENA DÍAZ ALEJO

Primavera de filigrana

 

“Primavera colonial” llamó don Alfonso Reyes a los finales del siglo XVI y principios del XVII, cuando una cierta “verbalidad parecida a la poesía” enseñoreó sus vuelos entre la juventud criolla nutrida entre las paredes jesuíticas encargadas no sólo de proporcionar instrucción, sino también luenga fama, avalada por espectaculares certámenes públicos, orgullo de las familias novohispanas. “Brotaban versificadores como del suelo” –dice don Alfonso. Más de trescientos poetas, poetillas y poetastros pululaban por la jovencísima Nueva España. “No hay que sonreír: se engendró una sociedad culta y delicada. Ella hará posibles a Ruiz de Alarcón y a Sor Juana”. En esta “primavera colonial” se gesta la sensibilidad barroca cuyo culmen arribará en un “virreinato de filigrana”.

Foto: Octavio Olvera Hernández

 

El XVII mexicano forma parte de un criollismo incipiente: se desencadenan en América los lazos peninsulares, se reconoce una nueva patria donadora de paisajes, de oro, de generosa abundancia, y todo se encamina hacia el encuentro con otra identidad: la americana. Suenan las voces de Juan Suárez de Peralta, de fray Diego Durán, del Inca Garcilaso de la Vega. Los frailes dialogan con los naturales para dotarlos de un nuevo dios y de un sentido muy particular de la santidad. Allí está Fernán González de Eslava, nacido en España, pero “educado, acriollado y ordenado sacerdote en México”; así también Alonso de Ercilla y Zúñiga en tierras del Arauca. Y en nuestra seductora Nueva España no olvidemos al ya mexicanísimo Juan Pérez Ramírez, orgulloso de su terruño “con sangre de Cristo todo recién almagrado”.

Foto: Octavio Olvera Hernández

Otro peninsular, enamorado y agradecido, es el famosísimo Bernardo de Balbuena. Su gran mural de la sociedad novohispana nos ofrece un devoto recorrido develador de una ciudad palpitante:

 

De la famosa México el asiento,

Origen y grandeza de edificios,

      caballos, calles, trato, cumplimiento,

    letras, virtudes, variedad de oficios,

regalos, ocasiones de contento,

 primavera inmortal y sus indicios,

gobierno ilustre, religión estado.

 

 

Su Grandeza mexicana, con los Comentarios reales del Inca Garcilaso, y La Araucana de Ercilla, integra la trilogía obligatoria para todo aspirante a conocer los tentadores inicios de los prístinos pensamientos independentistas, luz invaluable para la prosa de la segunda mitad del XVII, representada por sus dos portentosos ingenios: Juana Inés de la Cruz y Carlos de Sigüenza y Góngora.

Foto: Octavio Olvera Hernández

Es inevitable traer aquí a Juan Ruiz de Alarcón, pretendiente en la corte de Felipe IV, después de veinte años en tierras del Anáhuac; un regreso de cuatro años y otra vez a recibir áulicos golpes de los dramaturgos españoles. En la opima abundancia del teatro peninsular, encontramos en nuestro poeta la fundación de la comedia de carácter, más allá de las preocupaciones líricas frecuentadas por Lope y por Tirso. Es innegable su influencia en Corneille y, a través de éste, en Molière. ¡Buena cuenta para el teatro universal! Y si volvemos a las páginas de La verdad sospechosa ─obra que nos fue infligida escolarmente─, comprenderemos ese criollismo manifiesto en la manera de sentir la vida, en la necesidad de independencia, en la seriedad ante el mundo. Don Alfonso Reyes considera a Ruiz de Alarcón el primer mexicano universal, “el que se sale de las fronteras, el que rompe las aduanas de la colonia para derramar sus acarreos en la gran corriente de la poesía europea”. Y logró todo eso sin haber mencionado nunca un solo fruto de su tierra mexicana, según era lo usual entre aquellos criollos, pioneros descubridores de su propia nacionalidad.

Foto: Octavio Olvera Hernández

Al leer a estos “primeros mexicanos” ─para traer aquí la frase acuñada por el siempre recordado maestro don Fernando Benítez─, vemos emerger en cada una de sus huellas la primera concepción del México actual, y nos seduce el cosquilleo de volver a esas páginas y contemplar la vera imagen de la inicial versión de nuestra cultura de hoy, ¿o no le pasa a usted lo mismo?

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