“No hay Nueva York sin Fran y no hay Fran sin Nueva York” …Pretend it’s a City.

Dedicado a F.C

(cualquier semejanza es pura aristocracia)

Pretendamos que es una Ciudad (y que se llama Fran)., Martín Scorsese nos ofrenda esta maravillosa mini serie en homenaje a una de sus mejores amigas, Fran Lebowtiz., donde Fran és la ciudad y la ciudad és de Fran, aunque irónicamente nació en Morritown, Nueva Yersey en 1950 donde salió de la prepa (sin honores) para no mirar atrás , a la gran manzana, su hogar.

– Quién viaja por gusto debe tener una vida horrenda– comenta la autora de “Metropolitan Life” que solo viaja por trabajo y detesta hacerlo pues recuerda una época en la que las aerolíneas trataban al usuario con lujo y dignidad para ganar su preferencia. Fran viaja por medio de lectura sin necesidad de volar físicamente.

La ciudad era sumamente prometedora para Fran gracias a la gran población de homosexuales enojados como ella lo describe, ahí, ha vivido la desaparición del alma de NY desde la época beatnik, el jazz, la era disco y hasta el día de hoy, la decadencia perdida de identidad en los nuevos neoyorquinos que cargan su tápate de yoga -Yo solo usada tapete en el jardín de niños!- se burla amargamente de los “yogis”, el tema se torna un poco triste al escuchar a nuevas generaciones decirle:

– Hubiera deseado vivir en NY en tu época- y a lo que ella contesta – Yo nunca le decía a las personas que vivieron en los 40’s que me hubiera gustado más vivir en su época- .

A pesar de lo malo, Fran sigue disfrutando de su más preciada vocación, fumar tabaco, leer y róndear lo que queda de la ciudad., aunque esté “prohibido” fumar en casi todos lados hasta en el set del Lobo de Nueva York (dirigida por Marty, como le llama cariñosamente su amigo) donde hace un cameo como Juez, -Tan pronto ví a Leonardo (Di Carpio) fumando pregunte si se podía fumar y obviamente solo él podía hacerlo pero se sintió obligado a convencerme con la alternativa millenial y me regalo un cigarrillo electrónico, le pregunté si se podía fumar este artilugio en el avión y para variar, la respuesta fue no., aunque lo he intentado y no se dan cuenta así que no está mal para quitar un poco la ansiedad- comenta Fran traviesamente.

Fran devora cada elemento que la ciudad le ofrece para relatar increíbles anécdotas, desde las leyendas de bronce en el piso como los recuerdos de todas las librerías que visitaba y ahora se han convertido en negocios banales.

Fran es tan neurótica y peculiar que resulta dulce e inmensamente encantadora, honesta como los niños que aprecia tanto ya que comenta que son los únicos originales a pesar de que ya no los dejen comer dulces.

Fran es cosmopolita de sangre pero a mi sentir, ese amor que tiene por la ciudad es tan cálido que la convierte en una provinciana comprometida a “pueblear” su amada ciudad sin uber y sin celular que la abstraigan de su experiencia en primera persona, casi como un animal en la selva.

Cuando Fran llegó a la ciudad quería ser poeta, caminaba descalza (por gusto) y ofrecía su trabajo a grandes editoriales hasta que consiguió un trabajo en la revista Interview donde conoció a Charles Mingus, su jazzista favorito -Mingus se disparó en el pie para reconquistar a su esposa- comparte…

Quisiera platicarles cada eslabón del contenido de esta mini serie , cada historia de Fran y su amistad con Marty pero es imposible, necesitaría un libro entero para no escatimar en cada detalle que alegra mi memoria, ya he visto las serie dos veces y la vería cien más, por favor no dude en verla al menos tres veces y compartirla con sus cercanos.

Sin duda, lo mejor qué hay disponible en Netflix.

L.F.

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