La República Restaurada

Hace ya muchas letras 

ANA ELENA DÍAZ ALEJO

 

La República Restaurada

 

La frase que encabeza esta columna representa una de las etapas más brillantes de la historia de México, y también una de las más difíciles. Su nombre lleva el monumental compromiso del presidente Benito Juárez para rescatar a la Patria de entre los escombros creados por 57 años de batallas intestinas, dos intervenciones extranjeras, amenazas inacabables, deudas inmisericordes, e inseguridad citadina y rural.

 

1867 fue un año de grandes acontecimientos: el 2 de abril, Porfirio Díaz toma la Ciudad de Puebla –en poder de los conservadores–; el 12 sitia a la Ciudad de México. El 15 de mayo el ejército republicano toma Querétaro: Maximiliano y sus generales –Miguel Miramón y Tomás Mejía– son aprehendidos; el Consejo de Guerra dicta la pena de muerte; Juárez les niega el indulto, y el 19 de junio a las 7 de la mañana los tres son fusilados en el Cerro de las Campanas. El 21 de junio Porfirio Díaz toma la Ciudad de México. Al frente de la primera división del ejército: 25,000 hombres vestidos de pólvora y de gloria –9,000 de caballería y los demás de infantería– desfilan ante el pueblo enfebrecido que los aclama. El 15 de julio Benito Juárez realiza su entrada triunfal. Se inicia la década conocida como La República Restaurada.

La segunda quincena de julio de ese mismo 1867 es destinada a la organización administrativa del país: aparece el gran equipo cuya meta única es fortalecer a la nación y llevarla hacia la modernidad. Sebastián Lerdo de Tejada en Relaciones y Gobernación, José María Iglesias: en Hacienda, Antonio Martínez de Castro en Justicia e Instrucción Pública, Blas Balcárcel en Fomento e Ignacio Mejía en Guerra.

El día 23 Juárez reorganiza el ejército: reduce las tropas de 80,000 hombres a sólo 20,000 y crea cinco divisiones con sus respectivos comandantes: Mariano Escobedo la del Norte, Juan Álvarez la del Sur, Porfirio Díaz la de Oriente, Ramón Corona la de Occidente, y Nicolás Régules, la del Valle. El 1° de agosto es instalada la Corte de Justicia Provisional y la preside Sebastián Lerdo de Tejada.

¡La República inicia su restauración! Los mejores hombres la acompañan. El historiador Luis González afirma que México

 

           entre los años 1867 y 1876 contó con un equipo de civilizadores y patriotas pequeño pero                 extremadamente grande por su entusiasmo y su inteligencia; con un programa de acción                 múltiple, lúcido, preciso y vigoroso y con un clima nacional adverso a las prosperidades                  democrática, liberal, económica, científica y nacionalista. Con todo, se plantaron entonces                las semillas de la modernización y el nacionalismo, y algunas dieron brotes que el régimen               subsiguiente, favorecido por el clima internacional, hizo crecer.

 

Los hombres de letras –periodistas, historiadores, novelistas, poetas y maestros, y algunos de ellos también soldados de la República– llevarán a sus páginas la historia viva de México: Ignacio Manuel Altamirano, José T. de Cuéllar, Hilarión Frías y Soto, Luis G. Inclán, Juan A. Mateos, Manuel Payno, Guillermo Prieto, Vicente Riva Palacio, a quienes cito aquí en riguroso orden alfabético: cada uno merece un sitio de honor en las letras patrias.

Lo invito, caro lector, a caminar junto a estos héroes de la cultura nacional y vivir, hombro con hombro, sus pasiones, sus historias, sus sobresaltos, sus arrojos, en el ritmo nacional del paso a paso de su escritura.

¿Los acompañamos? Gracias. ¡Adelante!

 

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