DON FRANCISCO SOSA

Hace ya muchas letras

ANA ELENA DÍAZ ALEJO

DON FRANCISCO SOSA

¿Gusta usted de leer biografías? Debo confesarle mi gran proclividad hacia ese género: me interesa conocer los motivos de una persona para elegir tales o cuales caminos y cómo ha logrado encontrar en ellos la razón de su vida, o quizá cómo llegó, sin proponérselo, al lugar exacto que le correspondía. Hay escritores gustosos de perseguir momentos, inquirir orígenes, averiguar detalles, descubrir anécdotas, y todo eso lo reconstruyen como páginas vividas o como hechos novelescos o como verdaderos memoriales: éstos son los biógrafos, y los hay de distintos estilos: conspicuos, agudos, sobrios, respetuosos, imaginativos: éste es el oficio de don Francisco Sosa, cuya excelente instrucción (latinidad, filosofía, jurisprudencia) le proporciona tempranamente los instrumentos ideales para las letras. En 1866 publica su primera obra: Manual de biografía yucateca. Ya en la Ciudad de México participa activamente en los periódicos y revistas liberales más connotados, como El Renacimiento (1869), dirigida por el Maestro Altamirano, El Siglo XIX (1841-1896), El Federalista (1872-1877), El Domingo (1871-1873), El Artista (1874-1875), La Libertad (1878-1885), La Juventud Literaria (1887-1888), El Nacional (1880-1900) y la Revista Nacional de Letras y Ciencias (1889-1890).

Cercano a personas y archivos, aprovecha este bagaje magnífico y escribe cinco libros: El episcopado mexicano (1877), Biografías de mexicanos distinguidos (1884), Los contemporáneos (1884), Las estatuas de la Reforma (1900) y Escritores y poetas sudamericanos (1900). Como variante del mismo género, publica sus Efemérides históricas y biográficas (1883).

Don Francisco Sosa nació en la ciudad de Campeche el 2 de abril de 1848 y murió el 9 de febrero de 1925 en su casa de Coyoacán ─de donde había sido prefecto─, ubicada en la calle hoy dueña de su nombre. Formó parte de la Comisión Colombina enviada a España con motivo del IV Centenario del Descubrimiento de América, y allá fue hecho miembro de la Real Academia de la Lengua. No fue ajeno a la política nacional y participó en ella como diputado y como senador. Desde luego, fue miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua y director de la Biblioteca Nacional de México hasta 1912.

Si bien la biografía fue su particular devoción, es la historia donde don Francisco Sosa encuentra un especial camino: la edición de las obras históricas fundamentales de nuestro México. La Historia antigua y de la conquista de México, trabajo monumental de Manuel Orozco y Berra, vio la luz gracias al impulso de Sosa mientras éste ocupaba un puesto decisivo en el Ministerio de Fomento.

Ernesto Prado Velázquez, en el Diccionario de escritores mexicanos (UNAM, 1967), nos dice:

Su recia personalidad y su seriedad en el trabajo para impulsar todas las manifestaciones de la                  cultura, le valieron la admiración y el elogio entusiasta por parte de sus más distinguidos                              contemporáneos, de los cuales Juan de Dios Peza y Vicente Riva Palacio, entre otros, destacan                por los públicos testimonios que hicieron de los méritos de Sosa.

Tengo a la vista mi primera edición de Los contemporáneos. Permítame leer su portada desde el subtítulo: Datos para la biografía de algunos mexicanos distinguidos en las ciencias, en las letras y en las artes. México, Imprenta de Gonzalo A. Esteva. 2ª calle de la Pila Seca, núm. 4, 1884. Es una edición en cuarto y tiene 286 páginas. Aquí, entre otros mexicanos distinguidos, Sosa nos habla del poeta Manuel M. Flores, del novelista José T. de Cuéllar, del compositor Melesio Morales, del historiador Antonio García Cubas, de la poeta y editora Esther Tapia de Castellanos, del polígrafo José María Vigil, del dramaturgo José Peón Contreras, del Maestro Justo Sierra y del historiador Alfredo Chavero. Sí, este libro es una verdadera joya.

En su número 472, la colección “Sepan cuantos…”, de la Editorial Porrúa, publica las doscientas noventa y cuatro Biografías de mexicanos distinguidos. Disfrútelas.

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