¡RECÓRCHOLIS!

¡RECÓRCHOLIS!

(Teatro pandémico)

Eulogia Crespo

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Somos cuatro amigas, por igual independientes y al día en los asuntos públicos, lo que ha llevado a que alguno de los esposos, novios o amantes de ocasión, nos llame “Las revoltosas”. Hartas del chat, y apenas la luz del semáforo se puso amarilla, nos juntamos a comer en El Cardenal de Avenida de la Paz. Siempre que nos vemos intercambiamos regalos. Yo les llevé ejemplares, uno por cabeza, de Regreso a la Jaula, de Roger Bartra. Libro que tira a matar contra AMLO y la traída y (mal) llevada 4T. Pero no de esto de lo que quiero hablar. Por ahora.

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Hete que va oscureciendo al 6 de junio la siniestra sospecha de su posible anulación. Negro manto tejido por el crimen organizado que esta eliminando candidatos (no oficiales, sobre todo) como si fueran bolos; la parcialidad abierta de ciertos Medios; el frenesí fake news y difamatorio de algunas Redes; y la no menos abierta intervención del Ejecutivo Federal y líder moral del Partido de Estado. Injerencia esta última, además confesada sin rebozo. Únicamente quedaría por saberse si la nulificación arrasaría por parejo o aquí sí pero allá no.

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Unos atribuyen la movida a que, en varios Estados de la República (Nuevo León, Guerrero), las cosas pintan del cocol para MORENA, y como todo se vale en esta pelea de perros y gatos, no caería mal un segundo chance. Yo insisto en mi impresión de que la Diosa Fortuna le dio la espalda a quien, tras décadas de pujar por La Grande, ya se sentía dueño y señor del mundo. ¿No se había mudado con todo y triques al Palacio Nacional? ¿No se había lanzado a obras faraónicas? ¿No había desparramado por todo el país a Superdelegados y a Servidores de la Nación y a Sembradores de Palmeras? ¿No estaba reescribiendo la historia con un programa de festejos patrios de chile y de manteca, pero eso sí a modo?

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Y, de repente, ¡zas!, sin decir agua va se desata la Peste, que masacra a tirios y troyanos, cierra fronteras, desemplea, hunde en oscuro pozo a la economía, obliga, aunque de mala gana y con tardanza a una reorientación del gasto público, retrasa las obras de personalísimo sello, desestabiliza semana a semana, un mes tras otro, la Buena Nueva de la que se había ungido portaestandarte. Añada usted las adversidades que se me escapen.

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¿En verdad la cosa no parará el día de las elecciones? ¿Se convertirán, ostensible la mano negra, “las elecciones más grandes de la historia”, en un lío de los mil demonios, conflictos, impugnaciones hasta el extremo de la más dolorosa: la anulación? La verdad no falta mucho para que lo sepamos.

 

 

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