LUIS MARIO SCHNEIDER

LUIS MARIO SCHNEIDER

Fernando Curiel

 

Para Ricardo Noriega

 

Uno. El pasado sábado 22 de mayo, en mi “bunker” de Copilco el Alto, con los amigos Antonio Sierra (cámara, celular en realidad) y Daniar Chávez (guión), y el patrocinio de la Facultad de Filosofía y Letras (UNAM), grabamos un video para la promoción del último de los seis títulos hasta hoy dedicados a los temas centrales de Schneider periodista, crítico, rescatista e investigador de la literatura mexicana.

Dos. Autores fundamentales del siglo XIX, las Vanguardias del XX, pintores afamados y casi desconocidos, figuras femeninas de la talla (literal) de doña Manuela Mota viuda de Reyes (Alfonso), el inmenso mátalas callando Ramón López Velarde, la literatura de viajes, correspondencias como las de Frida Kahlo e Ignacio Aguirre (Cartas de una pasión), entre otras muchas líneas que ocuparon su interés.

Tres. El video se dividió en esencia en las siguientes partes: mi autopresentación (que ahora me salto); la articulación entre los siglos XIX y XX, lo absurdo de que el fin físico de estudiosos de nuestras letras como José Luis Martínez, Emmanuel Carballo (por no citar a los obvios Reyes y Javier Villaurrutia) borre el legado contemporáneo de sus aportaciones, el Coloquio Luis Mario Schneider pensado justamente para frenar semejante absurdo, la lista de títulos hasta la fecha en circulación y el contenido del por aparecer.

Cuatro. Nacido en Santo Tomé, Provincia de Argentina en 1931, Luis Mario estudió Humanidades en la Universidad de Córdoba, trasladándose a México en 1960, para doctorarse en la FFyL. No sorprende que se viera arrastrado por, y participara en, la ebullición artística (teatro, literatura, pintura, cinematografía, pensamiento crítico) de la década. Uno de los libros fruto del Coloquio que lleva su nombre, el intitulado con fortuna Luis Mario Schneider: gambusino de la cultura mexicana da noticia de sus andanzas en nuestro país.

Cinco. Baste (y sobre) evocar la circunstancia de que la Ciudad de México vivía una Revuelta Cultural, jalonada en las tablas por el Teatro de Búsqueda universitario (con la Casa del Lago como foco principal, y el trío de directores Mendoza, Gurrola e Ibáñez), en la literatura por la madurez de la generación de Medio Siglo y la irrupción de las de Difusión Cultural y de la Onda (la mía, cronológicamente hablando), en la pintura por el grupo de la Ruptura y en el cine por el de Nuevo Cine (revista y movimiento).

Seis. Profesor, crítico, periodista, poeta, novelista, editor y a la postre investigador, Luis Mario se siente a su anchas. Su nombre se encuentra en los suplementos y las revistas de aquellos años de esplendor. Baste la cita de La Palabra y el Hombre, Cuadernos del Viento, Pájaro Cascabel, Los Empeños, Revista de la Universidad. Una temporada dirigió la revista del Centro de Estudios Literarios del Instituto de Investigaciones Filológicas. Como profesor rindió cursos de literatura mexicana e hispanoamericana en la UNAM y en la Universidad Veracruzana, entre otras.

Siete. Llegado el momento, dirigirá editoriales como Oasis y fundará sus propias colecciones, Cuadernos de Malinalco, Cuadernos de Fakir entre las más recordadas, sitio de acogida tanto de consagrados como por consagrar. Fundamental fue la intervención de Ricardo Noriega en el diseño. Luis Mario se encuentra entre los impulsores del naciente Crack. En 1977 obtiene el Premio Xavier Villaurrutia por la novela La resurrección de Clotilde Goñi, y en 1992 el Nacional Luis Cardoza y Aragón por su ensayo sobre los pintores, desconocidos hasta que él los revela, José María y Petronilo Monroy. Sumamente valioso resulto su énfasis en el ritmo de nuestras letras: ruptura y continuidad, tradición y ruptura.

Ocho. ¿Malinalco? En efecto, en ese punto, “pueblo mágico” del Estado de México, Luis Mario termina por construir su casa, casa biblioteca (Capilla Mariana, émulo de la Alfonsina), desplegando una intensa labor de rescate cultural de la zona que culminará con la edificación de un Museo, en el arranque de la subida a la singular zona arqueológica y su no menos singular pirámide circular. El “argenmex” fallecerá en Tenancingo en 1999.

Nueve. No pocas francachelas, tertulias, viajes, aventuras, “empeños”, tuve la fortuna de compartir con Luis Mario, gran amigo. Traigo a cuento la de una Asociación de Literatura Mexicana que logró cuajar y arrancar con brío y de la que resultó cabeza José Luis Martínez (el dicente, de secretario). No menos se comprometió con otro de los afanes gregarios asimismo de corta duración, como lo fueron los encuentros de mexicanistas de aquí y principalmente de Estados Unidos.

Diez. Regresando al video de marras, y con fines también de propaganda, menciono la relación de títulos hasta la fecha publicados, amén de Luis Mario Schneider: gambusino de la cultura mexicana (que insisto en recomendar). A saber: Nuevas vistas y visitas al Estridentismo, Ciudades y generaciones, Mester de nomadía y Rupturas y continuidades. El que está por aparecer: Vanguardias. En el que colaboraron Vicente Quirarte, Pablo Mora, Evodio Escalante, Silvia Pappe, Elisa J. Rashkin, Alberto Vital, José de Jesús Arenas y el de la voz.

Once. Ya para concluir la grabación, no pude menos que formularme dos preguntas. Aplicadísimo conocedor de las vanguardias, que lo fueron del arte y de la noción de lo social, de haber durado Luis Mario hasta este momento, Segundo Año de la Peste, ¿qué pensaría de la carga experimental, subversiva, en términos de lenguaje que aportan computadoras, celulares, plataformas, blogs?

Doce. Vista la crítica a los museos y al sentido museístico, que ya se venían incubando de tiempo atrás (confusión de lo Moderno con lo Contemporáneo, de ambos con paparruchas), derivados del largo confinamiento, de planearlo y edificarlo este 2021, ¿qué tipo de Museo imaginaría?

 

 

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