PARA CREERSE

PARA CREERSE

(Teatro pandémico)

Eulogia Ortiz

 

Como el verde ya parpadea, “Las Revoltosas” nos reunimos, mucho más confiadas, a comer… Y descocernos con los comentarios sobre el mapa político que dibujó la elección del 6 de junio. La verdad es que los días previos, confusos, amenazantes, ya lo dije, nos habían hecho bolas.

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El Partido de Estado, MORENA, había perdido y ganado, se consolidaba y empezaba a desmoronarse. Perdió la hegemonía en su foco de irradiación, la Ciudad de México (¡qué CDMX ni qué rábanos!), y no consiguió implantar la insensata jalada del Fraude; ganó Gubernaturas antes en manos de la oposición.

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El PV se posicionó para seguir chantajeando; el PAN resurgió; el PRI pide a gritos respiración boca a boca; el PRD da lástima; a los partiditos de última hora se los llevó el diablo.

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Pero los verdaderos “ganones” no fueron los Partidos, vergonzosamente tenidos “de interés público”, sino la ciudadanía, la Democracia que apenas tanteamos, y el tan vapuleado por AMLO y acólitos INE.

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Convenimos las cuatro amigas que, aunque previsibles, no menos inquietantes, eran las justificaciones de la derrota que brotaron como hongos. En especial, la de una perversa “guerra sucia” que envenenó las inocentes almas del cándido electorado.

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Lo que sí sorprendió fue el llamado de AMLO a una alianza legislativa con el PRI, en una especie de PRIMOR. Y no porque se ignore, entre otros antecedentes (iba a añadir: penales) de origen, el sello priista de MORENA.

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Mientras tanto, y eso hay que atajarlo, lo dijimos unánimes, es la alevosa campaña, instigada a izquierda y a derecha, de una capital de la república irremediablemente escindida entre ricos y pobres, malos y buenos, vaya “fifís” y “pueblo”. ¿Invitación a revivir la Guerra de Castas, en condiciones que la yucateca ignoró: Bots, Redes, Infodemia?

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El caso es que Las Revoltosas nos despedimos saboreando aún no sólo manjares y caldos y la reanimación de nuestras reuniones, sino la esperanza fundada de un viraje en una navegación cuya monotonía tozuda ya nos tenía hasta el copete.

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