¡ R A M Ó N !

Hace ya muchas letras

Ana Elena Díaz Alejo

 

¡ R A M Ó N !

 

Permítame recordar con usted al inolvidable jerezano Ramón López Velarde. El mes entero debería estar dedicado a su memoria: él hizo a un México europeizado volver los ojos a nuestra provincia, “alacena y pajarera”, tan lamentablemente olvidada en los años posrevolucionarios. Su obra fundamental, sólo dos libros: La sangre devota (1916) y Zozobra (1919), será recordada entre los más importantes poemarios del siglo XX mexicano. La “Suave Patria” nos muestra un trabajo artístico no producido por una inspiración iluminadora de la página en blanco, ni por el arrebato emotivo ante los aromas añorados de la provincia mexicana cuyas voces ─sensuales sirenas─ tanto atraían a Ramón. Estos casos no se dieron en su obra, ni se dan en los artistas verdaderos. Solícitas, acudieron a su pulso las letras deseantes de recibir sus imágenes, pero él desdeñó las presencias de fácil alcance ─metáforas vanas─ y prefirió esperar la palabra definitiva, la preñada con la imagen exacta: escultora íntima del verso perfecto unido a la idea concebida en el surgimiento de la imperecedera poesía. La construcción fue tarea de varios años, de múltiples dudas, de exploraciones agobiantes. A finales del último junio de su vida, Ramón enfermó de pulmonía y ya no supo del extraordinario éxito de su “Suave Patria” ─hasta hoy, sinónimo de su nombre.

Imagen tomada de García Barragán Elisa y Schneider, Luis Mario, Ramón López Velarde. Álbum, México, UNAM-IIEs, 1988.

Yo lo leí con ojos niños ante los severos de mi maestra de sexto año de primaria –doña Elvira Cataño de Colmenares–, y luego, ya secundariana, lo escuché explicado por doña Elena Lombardo Toledano, mi maestra de literatura: ella nos narró todas las anécdotas tejidas alrededor del texto y del poeta: fue Juan de Dios Bojórquez quien lo llevó ante el general presidente Álvaro Obregón, cuyo inmediato entusiasmo creó un breve cuaderno para entregarlo a cada niño y a cada maestro del país: debería ser grabado en las mentes infantiles y cincelado en el corazón del pueblo. Cuando José Vasconcelos, deslumbrado también por el poema, lo mostró al mandatario, éste le respondió recitándolo. ¡Qué tiempos! No me sorprende la espléndida memoria del soldado revolucionario al retener 153 líneas en una primera lectura: el general Obregón fue un portentoso estratega ejercitado en la cotidiana suspicacia política de cada hora: me admira la sensibilidad del guerrero que olía a pólvora y, además de sus deberes constitucionales, poseía la agudísima percepción del espíritu nacional rezumado en unos versos.

Imagen tomada de García Barragán Elisa y Schneider, Luis Mario, Ramón López Velarde. Álbum, México, UNAM-IIEs, 1988.

Se ha dicho que la “Suave Patria” se aleja del tema central de la obra de López Velarde: el amor. No lo creo así. La “Suave Patria” es una expresión entrañable y cordial dedicada a la provincia mexicana, a su diario pasar sin tantas complicaciones cosmopolitas, a la noble salud de los corazones, todo ello rodeado por la magnífica policromía de los cielos siempre galanos, por el buqué de los frutos sin mancilla, por el turbado sabor de las sensaciones en primavera y por su alma, “equilibrista chuparrosa”. López Velarde nos entregó la pasión por su tierra, antigua y joven, tradicional y vocinglera, y lo hizo tal y como deseaba a las mujeres de su vida, con la misma ansiedad de todo su ser.

Y nuevamente insisto en mi ignorancia respecto de la atención nacional a nuestra Patria “impecable y diamantina”. Quisiera saber algunas cosas relativas al currículo escolar como: ¿está incluida en él la lectura anotada de la “Suave Patria”?, ¿cuántos jóvenes saben del poema?, ¿cuántos maestros de enseñanza primaria y secundaria lo han escuchado?, ¿cuáles Secretarios de Educación se han interesado en él?, ¿lo habrá leído  el gobernador de Zacatecas, patria chica de Ramón López Velarde? En la misma área educativa, ¿a quiénes les es familiar el nombre de José Vasconcelos y de Álvaro Obregón? Como puede usted ver, querido amigo, sólo he citado a quienes deben conocerlo. Sí, ya lo sé. ¡Recordémoslo nosotros!

Ramón nació el 15 de junio de 1888, y murió el 19 de otro junio, el de 1921, a los cuatro días de haber cumplido los treinta y tres años.

Imagen tomada de García Barragán Elisa y Schneider, Luis Mario, Ramón López Velarde. Álbum, México, UNAM-IIEs, 1988.

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