Gustav Klimt, desde la mirada de Carl E. Schorke

Gustav Klimt, desde la mirada de Carl E. Schorke

Elena Escalante Ruiz

 

Hace unos días me topé con el ensayo Las obras de las facultades de Gustav Klimt y la crisis del ego liberal,[1] que el historiador Carl E. Schorke escribió sobre Gustav Klimt, cuya obra admiro enormemente. Sin duda, su trabajo es riguroso; celebro su prosa, pues además de ser agradable, irradia el invaluable conocimiento que el historiador tenía sobre la Viena de Fin-de-Siècle. Sin embargo, encuentro un tanto agrias las descripciones que Schorke hace de las tres obras que Gustav Klimt realizó para el Aula Magna de la Nueva universidad de Viena (1900-1907). Sobre todo, si tomamos en cuenta que fueron destruidas en 1943, y de ellas sólo quedan bocetos preliminares y reproducciones.

Medicina, Filosofía y Jurisprudencia, le fueron encargadas a Klimt por el Ministerio de Cultura en 1897. En 1901, el artista presentó en la galería de la Secession la primera de ellas, Filosofía, cuya iconografía Schorke describe como un theatrum mundi de la tradición barroca; una representación del cielo, la tierra y el infierno, pero:

 

               … en esta obra la tierra parece haber desaparecido, disuelta en una fusión de las dos                         esferas restantes. Los cuerpos enredados de la humanidad doliente van a la deriva                             lentamente, suspendidos sin propósito definido en un vacío viscoso. En la oscuridad                             cósmica –las estrellas están mucho más atrás– aparece una Esfinge pesada y somnolienta                 que no se ve y que es nada más que una condensación del espacio atomizado. Sólo el                       rostro situado en la base de la pintura sugiere, con su luminosidad, la existencia de una                       mente consciente. Das Wissen… (13)

 

Más adelante, Schorke hace una amplia disertación sobre la visión cósmica de Klimt en la obra Filosofía. Opina que ésta podría estar inspirada en el pensamiento de Wagner, Schopenhauer y Nietzsche. Y si bien esta conclusión nos muestra la cultura del historiador y la posible metafísica de Klimt, omite por completo otras importantes nociones: las estéticas.

Acerca de la obra Medicina, presentada en la galería de la Secession en marzo de 1901, el historiador escribe:

De nuevo contraponía Klimt a la cultura del progreso científico una extraña y chocante                         visión. Presentó el campo de acción de la medicina como fantasmagoría de una humanidad                 semidormida, hundida en una instintiva rendición a medias, pasiva ante el fluir del destino.                   La muerte habita en el centro de este río de vida y su velo negro se arremolina entre los                       cuerpos enredados de los vivos. (18)

 

 

 

Como es sabido, las obras Filosofía y Medicina provocaron gran controversia. No fueron aceptadas por la academia; fueron tachadas de pornográficas y confiscadas junto con sus respectivos bocetos, por el Ministerio de Cultura. Está claro que Viena, a pesar de ser sede de importantes movimientos y cambios radicales, no tuvo la capacidad para ver más allá del clasicismo racionalista al que estaban acostumbrados: las obras de Klimt, “ofendían el sentido estético del pueblo”. (21)

Tras el humillante debate, Klimt reanudó el trabajo del panel faltante: Jurisprudencia, muy distinto al boceto original aprobado por la Kunstkommission años antes, en 1898. Comprender la postura de Gustav Klimt al realizar este último panel, terminado en 1907, resulta fundamental y Schorke hace un recorrido ilustrativo al respecto:

Del cielo recorrido por las brisas en la primera versión, la escena se había trasladado a un                   infierno sin aire. La figura central ya no es una justicia encumbrada, sino una víctima                           indefensa de la ley. Al elaborar la nueva imagen, Klimt incorporó tres sugerencias que                         quienes le encargaron las obras habían propuesto para mejorar la versión de 1898. Pero lo                 hizo irónicamente, por lo que cada cambio agudizó el elemento de terror de su                                     interpretación de la ley”. (22)

 

 

Hoy en día los motivos por los cuales sus obras fueron rechazadas, resultan banales. Gracias a los bocetos y reproducciones que sobreviven, podríamos especular que Medicina, Filosofía y Jurisprudencia, marcan una importante evolución estética en la carrera del artista.

El legado de Gustav Klimt es invaluable y su influencia en el arte contemporáneo indiscutible.

 

 

[1] La destrucción creadora: Gustav Klimt, el friso de Beethoven y la lucha por la libertad del arte. Fundación Juan March, Madrid, 2008.

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