Vanidad de vanidades

Vanidad de vanidades

Vanitas vanitatum omnia vanitas 

Rebeca Zaga

 

Y si, vanidad de vanidades, todo es vanidad.

Hermosa y compleja cita bíblica que nos provoca y a la vez  nos deja desolados.

Por que sí, ante nuestra inminente muerte todo placer es mundano.

Todo adorno del ser es vanidad.

Pero, ¿qué hacer ante ésta fugacidad de vivir?

¿Vivir en si es una vanidad?

“Vanidad definitivamente mi pecado favorito”

El diablo en voz de Al Pacino nos condena y se ríe a carcajadas. ¿Será que perecemos ante nuestra tentación vanidosa/culposa?

¿El diablo disfrazado de abogado tendría el papel de juzgar nuestros pasos en falso?

Pero dejemos el placer del cine y sus tardes con palomitas para lanzarnos al reto de iniciación del arte pictórico.

Las Vanitas en el arte están representadas en los bodegones. Y no, no son piezas para colgar en tu cocina, son bastas representaciones de ausencias y ruinas de banquetes no terminados, de mesas olvidadas sujetas al paso del tiempo. Es la misteriosa reflexión del olvido, de la memoria, del exceso, de la mandarina sostenida en la nada. La hermosa transparencia de la copa ya corrupta con vestigio de unos labios que la dejaron de besar. Fue una posibilidad y nos deja a la vista sus cadáveres en suspensión con el tiempo.

La pregunta es hacia ese sujeto vanidoso que le tomó la foto en el museo al Bodegón y vio la película de Al Pacino.

¿Qué queda de él? ¿Qué queda de su vanidad? ¿Somos o seremos sólo esa vanidad? ¿Somos consumidores de vanidades? Para el otro, ¿sólo somos un pedazo de pan mordido? ¿Somos una copa anhelando ese beso que nos tome hasta el fondo?

¿Tendríamos que mostrar pudor  en la manera de interpretar la dicha?

¿Pensamos en la muerte que ronda, que se sienta a nuestra mesa y nosotros tomamos vino? ¿Nuestra vanidad estará confundida con arrogancia? ¿Con habitar una finitud en negación permanente?

¿Es ético ser vanidoso?

Muchas preguntas, demasiadas.

Nos da pánico la muerte y la vanidad de vivir nos da vértigo. Sin embargo, al mareo de existir hay que volverlo creador. Desdoblemos el impulso. Veamos a los ojos  a la finitud en nuestro afán de retarla con gestos vanidosos.

Pisemos fuerte y reventemos ampollas de tanto avanzar ya que los impulsos vitales son la vida misma que palpita en nuestro andar.

Seamos vanidosos. Adornemos con nuestra presencia la vida misma. Dejemos escurrir el jugo de la mandarina sin limpiarnos la boca…

La propuesta es la conciencia, la vanidad a conciencia. Si, peca, goza… tomate toda la copa de vino y deja medio pan mordido… no te preocupes ahora por el hambre de Africa. La vida que es oximoron con la muerte es un palpitar ensordecedor.

Todo es vanidad sí. Vivir es la mayor de ellas.

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