DON LUIS DE SANDOVAL ZAPATA

Hace ya muchas letras

ANA ELENA DÍAZ ALEJO

 

DON LUIS DE SANDOVAL ZAPATA

¿Ha pensado usted en esas deudas acumuladas insensiblemente, a pesar nuestro? Pues, hace ya un buen rato quiero saldar una y recordar con usted a don Luis de Sandoval Zapata, ese poeta orgullosamente criollo y “a la altura de sor Juana”, experto en todos los intríngulis barrocos, y cuya seriedad intelectual era difícil de superar. Su obra sólo llamó la atención a ciertos grupos políticos y pasó apenas advertida por los estudiosos más puntuales de su momento.

No es fácil encontrarlo en las referencias académicas de coloquios, congresos o simposios. Los críticos especializados en las letras coloniales lo creían uno más en un siglo famoso por la abundancia de poetas. Es en el siglo XX cuando aparece en plenitud su figura estelar: Julio Jiménez Rueda descubre cuatro comedias suyas; Alfonso Reyes lo reconoce entre los más altos escritores novohispanos y recomienda leerlo y estudiarlo profundamente; Octavio Paz lo califica entre los poetas más brillantes, y lo elogia como al mayor representante del apogeo barroco en la Nueva España, legatario de “los Góngora y los Quevedo”; Helena Beristáin le consagra su libro El barroco mexicano. Luis de Sandoval Zapata, estupenda propuesta crítica y metodológica encaminada hacia un acercamiento formal a los siglos coloniales: “con sus comedias forma parte de la historia de nuestro teatro, y por su prosa ha sido mencionado como importante entre los filósofos seglares de su tiempo”.

Y al reflexionar sobre el XVII –criba de la conciencia patria–, observaremos que el mayor lustre ostentado en su obra es la pujante mexicanidad reflejada en su legítima participación en el alegato por el derecho de México a su soberanía, aspecto analizado con agudo esmero por el más asiduo de sus estudiosos, el novohispanista José Pascual Buxó, quien nos recuerda que en 1937, Alfonso Méndez Plancarte ya le había dedicado “un temprano y revelador estudio”.

Descendiente de conquistadores, Sandoval Zapata comparte el magnífico xvii mexicano con figuras señeras de atención permanente: sor Juana Inés de la Cruz y don Carlos de Sigüenza y Góngora. Pertenece a la brillante pléyade seguidora fiel de los clásicos, currículo procedente de la Real y Pontificia Universidad de México, y de la colegiata jesuita instalada en la capital novohispana casi desde 1572, año de su arribo a estas tierras. Ellos son los primeros en traducir a Virgilio, a Ovidio, a Horacio y a Marcial, lecturas señeras. Los trabajos acumulados en los infolios coloniales –magnífica expresión del pasado cultural–, esperan un rescate mayor, no sólo para su conocimiento, sino también para la mejor comprensión de nuestra historia.

Lo invito, querido amigo, a leer a los escritores barrocos, merecido homenaje a las letras nacionales. ¡Feliz lectura!

 

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