Sobre la ausencia del doctor Curiel

Sobre la ausencia del doctor Curiel

Susi Ramírez

 

Tengo una serie de recuerdos cotidianos de su asistencia al Seminario de Investigación sobre Historia y Memoria Nacionales. Unos cercanos como su rostro pegado a la pantalla buscando encender su micrófono y su librero al fondo y otros más lejanos de mucho antes de la pandemia, cuando yo era asistente de la doctora Alicia Azuela, hace ya unos 8 años, que conocí por primera vez a los miembros y las dinámicas de exposición.

El doctor Fernando Curiel siempre supo destacar con sus opiniones agudas, que la esquina de la mesa donde se sentara se sentía viva, como un punto de encuentro para dialogar y discutir. Su inteligencia era profusa y a veces se daba el lujo de mostrarnos sus habilidades literarias con textos compartidos ya fuera a viva voz en el Seminario o por algún correo que pedía se nos enviara.

Pero también tengo muy presente que en los primeros encuentros que lo conocí, usaba sombreros, alguna vez lo vi con uno y una gabardina muy linda en la cafetería del Instituto de Investigaciones Filológicas, que por aquellos tiempos, 2013 o 2014, no estoy segura, era la mejor porque el puesto de don Benito, cerca de Jurídicas, no tenía lonches buenos ni café bueno, básicamente eran mejores los tacos sudados de Bibliográficas que lo que uno podía conseguir ahí. Total, recuerdo que el profesor Curiel estaba ahí comprándose un café y me reconoció y me ofreció pagar el mío, ese gesto me pareció amable y le agradecí.

Recuerdo haber pensado que era un hombre con mucha personalidad con su sombrero. Luego se fue a dar alguna clase o asesoría y yo esperé por la asesoría que tenía con algún profesor.

Después, en alguna presentación que hice en el Seminario de Investigación, cuando estaba empezando la ruta de los archivos locales, me recomendó seguir el método del libro Asedios a los Centenarios y me hizo un comentario que no me dejó dormir: que hiciera un balance general de todos los espacios de la república para sopesar que tan importante sería el Occidente en términos generales para las celebraciones nacionales.

A la fecha lo pienso seguido. Así de importantes son algunas preguntas que le dejan a uno mella. Justo el año pasado me recordó lo del método nuevamente y me hizo repensar algunos puntos que yo daba por hechos en la investigación en general.

Pero debo confesar que lo que más me agradaba de la presencia del doctor Fernando Curiel, era que era muy extrovertido en sus comentarios y elegía cuidadosamente sus palabras. Gracias al artículo que nos compartió el doctor Guillermo Hurtado ahora pienso que tal vez nunca dejó su parte histriónica de lado, y le debió servir mucho para hacerse escuchar en distintos espacios y no sólo practicar el mundo interno que todos ponemos en marcha cuando nos sentamos frente al gabinete o la mesa, o el asiento que nos toque tomar en un bus o avión y nos encerramos a pensar y a escribir.

Y justo ahora recuerdo que la primer noticia que tuve de su obra fue una crítica que hizo una colega de filosofía a la iniciativa que tuvo el doctor Curiel para “perrear libros”, es decir, difundir literatura en todos los ámbitos como el reggeatón.

En atención a los miembros del Seminario de Investigación sobre Historia y Memoria Nacionales.

 

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