Y para usted, ¿qué es el arte?

HACE YA MUCHAS LETRAS

Ana Elena Díaz Alejo

 

Y para usted, ¿qué es el arte?

 

No, no me conteste, sólo es una pregunta retórica la que encabeza esta columna. Como usted y yo sabemos, para precisar ciertos conceptos es necesario tener en cuenta mil datos, desde nuestra estatura física hasta nuestras aficiones personales, pasando por nuestro árbol genealógico, nuestras fortunas y nuestras adversidades, nuestras proclividades de todos tipos y, quizá, hasta el número exacto de galletas extraídas de la despensa coquinaria cuando sólo éramos ladroncillos cuatroañeros, gambusinos dulceros en guardados e inasequibles anaqueles, vigilados siempre por una cocinera-cancerbera dueña de bienes y males. ¿O acaso en su currículum no ha ingresado esta portentosa habilidad infantil? Anímese, haga memoria.

Para precisar ciertos términos, importa nuestra afición a algunos y no a otros acordes: no es lo mismo alebrestarnos el alma escuchando el Huapango de Moncayo, resumen erótico en pulsos populares, que agobiarnos dolorosamente con las patéticas armonías “nocturnas” de Chopin, maravillosos símbolos musicales ambos. ¿La apercepción del mundo y de su procedencia no importan? Quizá no.

Y también puntualiza nuestra estética la predilección por los colores volcados sobre nuestros ojos por el Muro de la Luna de Joan Miró, o por el arrobo místico de Miguel Ángel ante La Creación, indudables obras artísticas. ¿La distancia temporal no cuenta para establecer los juicios? Tal vez no.

¿Y por qué invaden y exultan no sólo nuestra imaginación, sino hasta nuestra tensión arterial, los ritmos antillanos llevados al culmen en las  simetrías rítmicas de Luis Palés Matos, gran poeta puertorriqueño? (Por la encendida calle antillana / va Tembandumba de la Quimbamba. / Tumba, macumba, candombe y bámbula. / Va Tembandumba de la Quimbamba). Pero también nos afectan y azoran y sobresaltan los octosílabos lorquianos invitadores a respirar momentos sonámbulos (Verde que te quiero verde. / Verde viento. Verdes ramas. / El barco sobre la mar / y el caballo en la montaña). Impecables y purísimas voces esenciales. ¿Tampoco importa la exaltación sensorial y estar o no en el mundo soñante?

Pues, mire usted, volvamos a las definiciones del arte. Acudo a Freud (“satisfacción indirecta de un deseo reprimido”), a Lukacs (“modo de manifestación de la autoconciencia de la humanidad”), a Collingwood (“expresión imaginativa de una emoción”) o a Della Volpe (“lenguaje o discurso cuyos signos forman parte de un contexto semántico orgánico y autónomo”), pero prefiero a Marx. Y si bien él tocó estos temas para entender su concepción del hombre, aceptaremos con él que cada manifestación artística es una entidad única, irrepetible, consumada por extrañas mociones cuyo ser radica en su natural e inexplicable inmanencia.

Y ahora, caro amigo, sin retórica alguna, dígame, se lo ruego: ¿qué es el arte para usted?

 

 

 

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