A Fernando Curiel por Raquel Barragán

A Fernando Curiel

 

Se me rompió una palabra de piedra entre los dientes

¿Cómo nombro tu muerte?

Siento un dolor que no he podido llorar:

mastico guijarros sabor a la tierra

que cubrió tu cuerpo;

amigo mío, te he perdido

y tu voz resuena en mis sueños

 

Te escribí una carta el día de tu funeral. No sé cómo pero la computadora la borró. En ella te contaba que no había sido del todo como lo habías descrito en aquel cuento que alguna vez me referiste. Tus viudas no habían podido asistir, pero tus amigos nos convertimos en ellas. Desde la viudez o, mejor dicho, desde le orfandad te lloramos. Días después soñé contigo. Digo mal, soñé con tu voz. Me llamabas, como en los últimos meses de encierro, por teléfono, y te oí reír y preguntarme sobre mi vida. Yo no quise preguntarte nada sobre tu muerte, como para que no te dieras cuenta.

Varias semanas después te volví a soñar, y pude verte, pero no oírte; venías acompañado de dos hombres, pero no podías hablar. Al despertar me sentí triste, porque la muerte nos envuelve de silencio, por eso procurabas que tus palabras siempre salieran y vibraran desde cualquier libro, carta, mail, blog o camiseta; por eso nos pedías a todos que no dejáramos de escribir. Me quedo con tus relatos y aforismos que siempre me acompañan y me sacan una sonrisa. Debo decir que, meses después de tu partida, mi computadora, que un tiempo estuvo conectada con mi celular, me mostró un mensaje que nunca me había podido llegar. ¿Recuerdas que estuvimos incomunicados porque yo no recibía los mensajes de tu Iphone? Cuando lo leí pensé que lo habías planeado todo y que era el  último aforismo que habías escrito con ese humor que te caracterizaba. Decía: “voy bajando”. Pude oír tu risa.

Raquel Barragán

 

Foto: Octavio Olvera

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