La vida escrita de Fernando Curiel Defossé por Elena Escalante Ruiz

 

La vida escrita de Fernando Curiel Defossé

Elena Escalante Ruiz

 

Hacedor de ensayos; momentos memorables; recapitulaciones; cuentos; crónicas; tertulias; singulares ficciones como Vida en Londres y, pesimista cuando de política se trataba, los textos Fernando Curiel no dejan de sorprendernos. Leer a Fernando, es leer una vida: muchas de las vívidas descripciones de sus textos, parten de una situación autobiográfica. Recordemos, por ejemplo, su encuentro con Juan Carlos Onetti (septiembre de 1976), en el restaurante del entonces Hotel Montejo, en Paseo de la Reforma: días antes, en un editorial periodístico, Fernando había descrito a Onetti como “el último mito viviente de la narrativa de América Latina”.[1] Creo que tenía razón. En su libro crítico, Onetti: obra y calculado infortunio, Fernando escribe: “Al término de multiplicados espejismos, incertidumbres y fracasos, juraba haber tocado finalmente fondo en la ambigua, helada, cruel escritura onettiana”.[2]

 

¿Pero qué sentido tiene escribir? Para algunos autores, la escritura es un instrumento de liberación. Para otros, un medio de apropiación. En una carta dirigida a su querida amiga Louise Colet (febrero de 1852), Gustave Flaubert escribe: “Yo soy un hombrepluma. Siento por ella, a causa de ella, en relación a ella y mucho más con ella.[3] Por su parte, Michel Foucault veía la escritura, y en particular el ensayo, como un ejercicio constante de des-objetivación y des-subjetivación; una actividad transformadora de la experiencia de quien escribe. ¿Cómo veía Fernando el ejercicio de la escritura? Podríamos encontrar algunas pistas en su afortunado Ejercicio de auto/entrevista, publicado en la revista Puño-electrónico, en mayo de 2019. Ahí se puede leer que Juan José Arreola, fue el primero en reconocer a Fernando como perteneciente a la especie “hombre-pluma” o (en palabras de Fernando), “bicho del lenguaje”:

—¿Cómo te hiciste escritor?

—Yo no sabía que lo era… que era escritor. Me lo dijo Juan José Arreola, y me abrió las puertas de su legendario taller Mester.

El texto, cuya franqueza me conmueve, reconfigura una conversación entre dos colegas: el escritor Fernando Curiel Defossé y el entrevistador anónimo. A lo largo de su lectura, tuve la sensación de que el texto había sido escrito para que alguien, perteneciente a la misma especie de Fernando, lo leyera. En el Ejercicio de auto/entrevista, no falta el sentido del humor: Fernando nos cuenta cómo, tras zambullirse en el mar de la escritura, conoció el “Egosistema, (la palabreja es mía)”. Dolencia que se suma a la lista de padecimientos del artista-escritor: melancolía; neurosis; egosistemitis o esquizofrenia, son sólo algunos de los males que padecen, padecieron, niegan y negaron, numerosos escritores; algunos grandes, otros no tanto. Esto me hace recordar las palabras de Fernando, sobre J. C. Onetti:

La primera impresión obsequia la parte maldita de la leyenda: la de un ser que atraviesa tristes insomnios lanzando uppercuts a los espejos y vaciando frascos de barbitúricos. Hombre encerrado en sí mismo, que te mira áspero tras los espejuelos, que destila una impaciencia angustiada, que masculla las palabras. [4]

Independientemente de la forma en que se relacione con la escritura o la dolencia que padezca, el artista-escritor apuesta “su vida al arte. El arte a sus floraciones sígnicas”, siempre al acecho de nuevas experiencias y posibilidades de aprehensión.

Te extrañamos querido Fernando.

Foto: Octavio Olvera

 

 

[1] Curiel, Fernando. Onetti: obra y calculado infortunio. Universidad Autónoma de México. 1980.

[2] P.15.

[3] Flaubert, Gustave. La pasión de escribir. Ediciones Coyoacán. S.A. de C.V., p. 74.

[4] Curiel, Fernando. Onetti: obra y calculado infortunio. Universidad Autónoma de México. 1980, p. 15.

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